La mayor parte de las ciudades del mundo cuentan con un sello diferenciador, que las convierte en algo seductor frente al ojo del extranjero, y hasta del propio ciudadano. San Pablo puntualmente, parece ser una metrópoli cuyo cuerpo adopta un tatuaje nuevo cada día. El arte del grafiti busca su protagonismo, floreciendo en cada espacio concebible.
A diario mientras camino, con el fin de llegar a algún lugar (o no), he podido fotografiar con mi cámara numerosos mensajes plasmados en los muros paulistas. Capas y capas de pintura se lucen en paredones, puentes, túneles, plazas, y hasta en predios residenciales que parecen haber encontrado el escape perfecto a la monotonía del blanco, o los colores pasteles.
Esta expresión artística ha servido a lo largo de los años para documentar diversas realidades sociales, culturas ancestrales, formas de vida, desigualdades e influencias extranjeras. Y como el escenario urbano de una de las ciudades más grandes del mundo, parece no alcanzar, algunos grafiteros se mudan transitoriamente a las galerías de arte para exhibir sus trabajos más representativos. El contexto es definitivamente otro, pero debo reconocer que la historia a contar puede lograr el mismo efecto o incluso, uno mayor.
Hace unos días visité la Galería Luis Maluf, en ella se expone parte del trabajo del grafitero paulista Fabio de Oliveira Parnaiba, más conocido como “Cranio”. Este público fan de Salvador Dalí ha traspasado las fronteras brasileras, llevando su trabajo a países como Francia, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra y España.
Su obra es fácilmente encontrada en los muros de la ciudad de San Pablo. Se dice que existe en él, cierta influencia tanto de la pintura maorí, como de la cultura tribal de Nueva Zelanda.
Su trabajo en las calles brasileras comenzó en 1998 y ya posee una marca registrada: sus indios azules. Estos seres vibrantes, nacieron durante la búsqueda de un personaje que simbolizara a su país (Brasil). Junto a ellos y a buenas dosis de humor ha demostrado la imperiosa necesidad de repensar cuestiones como el consumismo, la identidad cultural, el medio ambiente y los problemas por los que atraviesa nuestra sociedad actual. En las obras se puede visualizar cómo este grupo de indios azules se descubre invadido por la globalización y el avance de la tecnología. La necesidad de conocer todo lo que pasa a nuestro alrededor, se encuentra ironizada en cada una de las representaciones creadas por Cranio, bajo la técnica del aerosol. El papel de la tribu parece ser un tanto “moralista”, instalando una clara crítica hacia nuestro vicio por la tecnología.
La exposición lleva el nombre de “ToChipado”, y resulta un paseo obligatorio para los admiradores del mundo del grafiti y, sobre todo, de su crítica social.
Si bien la muestra solo estará disponible durante un mes en la Galería Luis Maluf, la obra de Cranio puede seguirse en sus redes sociales o, por qué no, en las calles del mundo. Quienes prestan atención a los muros de sus ciudades, quizás tropiecen alguno de sus mensajes.

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