48 horas en el Distrito Federal

Con dos amigas nos dispusimos a recorrer, en maratónicos 15 días, algunos de los lugares recomendados por quienes ya había tenido la oportunidad de visitar México y que también fueron escenario de su historia multifacética.

Vale aclarar que tardamos casi tres días en llegar al país, lo que hace pensar que a veces conviene analizar mejor el costo/beneficio de ciertas promociones aéreas. Pisamos el Distrito Federal ya muy entrada la tarde, por lo que decidimos descansar y acomodarnos en el hostel para arrancar con todo al día siguiente.

En nuestro mapa de ruta —confeccionado íntegramente por nosotras— destinamos apenas 48 horas para recorrer una ciudad que, como pronto descubriríamos, no es posible ni abarcar en diez días. El resultado fue que no logramos visitar ni el 10% de todo lo que hubiésemos querido.

Nos hospedamos en el «Hostel Mundo Joven Catedral», con una ubicación privilegiada en pleno Zócalo. En una de nuestras primeras caminatas encontramos una interesante propuesta para contratar un guía. Dudamos un poco, sobre todo por las advertencias de seguridad que circulan para quienes visitan la ciudad, pero finalmente decidimos confiar.

Contratamos a Fernando Contreras Manjarrez, quien nos acompañó con su camioneta durante dos días completos. Fue una excelente decisión, porque con tan poco tiempo, necesitábamos aprovechar cada minuto.

Fernando nos ayudó a organizar el itinerario y quedó finalmente así:

  • Día 1: Zócalo, Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas), Basílica de Guadalupe, Taller de Plata Artesanal, Casa de Artesanías (Galería Media Luna) y Teotihuacán.
  • Día 2: Xochimilco, Museo Frida Kahlo – Casa Azul, Museo Nacional de Antropología y Bosques de Chapultepec.

La jornada comenzó con algunos preparativos, pero lamentablemente no pudimos ingresar a los edificios del Zócalo: Catedral, Templo Mayor, Palacio Nacional, entre otros. La plaza central estaba ocupada en un 50% por una protesta docente, lo que imposibilitaba el acceso a los edificios públicos. Uno de los pendientes que más lamento es no haber podido ver los murales de Diego Rivera dentro del Palacio Nacional, que retratan la historia de México entre 1886 y 1957. Pero ya habrá otra oportunidad.

Visitamos luego la Plaza de las Tres Culturas, también conocida como Plaza de Tlatelolco. Está ubicada en el centro de la ciudad y rodeada de conjuntos arquitectónicos pertenecientes a tres épocas históricas diferentes: las ruinas prehispánicas del antiguo centro ceremonial de Tlatelolco, la iglesia colonial de Santiago construida por los españoles en el siglo XVI, y los edificios modernos que representan el México contemporáneo. Esta coexistencia de tres tiempos en un solo lugar ofrece una mirada potente sobre la historia del país y su devenir. El paseo allí es breve, pero vale la pena.

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Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas) – Foto: Celeste Tomasini

México es un país con gran tradición en la producción de plata. La simbología prehispánica y los estilos contemporáneos conviven en sus diseños. Nuestro guía, Fernando, nos propuso visitar una pequeña fábrica familiar. La atención fue inmejorable —nos encontramos bebiendo tequila y cerveza a las 11 de la mañana— y los precios, muy accesibles. Terminamos comprando algunas piezas a mitad del precio habitual.

Camino a Teotihuacán, hicimos una parada en la «Galería Media Luna», una tienda de artesanías ubicada en medio de la nada. Allí probamos tres tipos de mezcal: uno fermentado en cuero con corteza de madera y pulque, otro con miel, y uno con gusano de maguey incluido en la botella. La experiencia fue completa: aprendimos sobre su proceso de producción, su simbolismo y su rol en la vida cotidiana mexicana. Un paseo que vale la pena.

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Galería Media Luna – Teotihuacán

Teotihuacán: historia al aire libre

Con el cielo amenazando lluvia, seguimos rumbo a Teotihuacán. Todo en el sitio arqueológico está al aire libre, así que la visita requería buen clima. El lugar impone desde el primer paso: historia, escala y belleza se conjugan en cada rincón. Nos propusimos subir a todas las pirámides, por lo que llevábamos mochilas livianas, agua y ropa cómoda.

La Pirámide de la Luna estaba en mantenimiento, pero se podía acceder hasta la mitad. Su vista era impresionante. La Pirámide del Sol, la más grande del complejo, se encuentra en la Calzada de los Muertos y cuenta con 365 escalones. Un pasamanos (una cuerda tensada) ayuda durante la subida. El esfuerzo vale cada paso: una vez en la cima, el paisaje es inolvidable. Luego visitamos La Ciudadela y el Palacio de Quetzalpapálotl, antigua residencia de la élite teotihuacana y decorado con murales que nos dejaron sin palabras. Es fácil perder la noción del tiempo fotografiando cada rincón.

La lluvia finalmente llegó, así que decidimos dejar la visita a la Basílica de Guadalupe para el día siguiente y buscar refugio en un restaurante para descubrir otra gran protagonista del viaje: la gastronomía mexicana.

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