Frida Kahlo sintetiza en sus obras, una muestra autobiográfica que mixtura un poco de expresionismo y surrealismo. Hay que destacar que al inicio de su carrera como pintora, su trabajo era más realista; pero el vivenciar una serie de experiencias personales bastante oscuras modificó su arte.
El autorretrato abarca prácticamente el 50% de su obra. Frida solía decir: “Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco”. Confieso que ante la crudeza de algunos de sus cuadros, duele un poco imaginar ese deterioro corporal inevitable y ese sufrimiento espiritual por la no realización de ciertos anhelos.
Su fisonomía cejijunta, su mezcla de razas (judía e india mexicana), su entrega al amor abiertamente, su vestimenta tradicional y ese sentido amor por su México adorado, atrajo a una innumerable cantidad de artistas interesados en palpar un poco de sus pasiones. Cuando conjeturo un poco sobre su vida y su trabajo, suele invadirme la fuerte convicción de que ésta mujer era capaz de alcanzar cierta hipnosis en más de una persona, no solo con sus creaciones un tanto revolucionarias sino también, con su enérgico temperamento y su interés por rescatar la cultura y las tradiciones de su tierra natal.
Quizás partiendo un poco de ese punto, Teresa Arcq (curadora) dio vida a la actual muestra “Frida Kahlo: Conexiones entre mujeres surrealistas en México” que se desarrolla en el Instituto Tomie Ohtake, en la ciudad de San Pablo. A lo largo de la exposición se puede apreciar la producción mexicana realizada por mujeres que trazaron una visión potente de ese país, a través del arte. Es necesario recalcar que no todas son nacidas en México, pero sí es una realidad que se vieron encantadas y ligadas tanto a la figura de Frida, como al estilo surrealista.
A solas con las pinturas
Entre cuadros, esculturas, fotografías, catálogos y reportajes, la muestra permite “pasear” por la intensidad y el dramatismo de artistas como: Alice Rahon, Bona Tibertelli, Bridget Tichenor, Cordelia Urueta, Frida Kahlo, Jacqueline Lamba, Kati Horna, Leonora Carrington, Lola Álvarez Bravo, Lucienne Bloch, María Izquierdo, Olga Costa, Remedios Varo, Rosa Rolanda y Sylvia Fein.
Frida se volvió un gran detonador, pero el surrealismo fue el fiel conductor… Ese afán de experimentar nuevas formas de concebir el arte y librarlo de las ataduras de la razón y el aburrimiento, se tornó una conexión. Cuestiones como la identidad, la maternidad, el cuerpo, la influencia de la cultura, la familia y hasta el pensamiento mágico fueron explorados finamente por este grupo de artistas.
Verme envuelta hasta la médula con el arte de Frida no es una cuestión difícil de conquistar, no obstante es mi deber señalar que hubo otras artistas que cautivaron mi atención, como es el caso de Remedios Varo. Casi una completa desconocida en su país (es española pero se mudó y murió en México) esta mujer fue capaz de inventar un casamiento con su mejor amigo solo para obtener la independencia legal de su familia y al mismo tiempo, de su país. Existe cierto mundo de fantasía en sus obras o, en mejores palabras, una quinta dimensión que se modifica en cada nuevo acercamiento. Sus personajes viven sin normas y resulta confuso determinar con exactitud si son hombres o mujeres. Al mismo tiempo, conviven en ellos ciertos interrogantes que nacen de lo que supongo, una exploración de temas como la alquimia, la magia, la metamorfosis y el pitagorismo. En una de las salas se reproduce un audiovisual que profundiza un poco sobre estos conceptos y deja más “ubicado” al visitante curioso.
La totalidad de los trabajos expuestos pertenecientes a este grupo de artistas demuestra, una vez más, que las mujeres eran, son y serán creadoras independientes, audaces y aptas para la construcción de lenguajes innovadores. Y nuestra venerada Frida reaparece como el catalizador de nuevas formas de pensar el arte a partir del corazón y los ojos de una mujer.

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