Gira cafetera | Episodio 2 en Buenos Aires: Los 36 Billares

Mi paseo por Buenos Aires tuvo un poco de todo: visitas guiadas, eventos culturales, noches con amigos (y amigos de mis amigos), caminatas sin destino, tardes de librerías en Calle Corrientes… pero, por encima de todo, hubo aroma a café.

Hace un tiempo leí en un paquete de café que los olores despiertan sensaciones difíciles de explicar. Y con el café, eso me pasa siempre: me pone de buen humor, automáticamente. En la capital argentina sobran rincones para disfrutar de esta bebida, aunque —confieso— alguna que otra vez terminé cayendo en un Starbucks. Pero mi foco estaba puesto en otra cosa: sumergirme en esa idea tan porteña que encontré de casualidad, «los bares notables».

Cuando lo comenté con una persona muy cercana, me dijo que la palabra notable le molesta tanto como casero. Y es verdad que, a veces, ciertos adjetivos se agotan de tanto usarlos. La publicidad suele exprimirlos hasta dejarlos sin alma, volviendo a los productos un tanto pretenciosos o demasiado “in”.

Pero… ¿qué tiene de notable un bar notable?

Hoy, hay 84 bares reconocidos oficialmente en la ciudad. Fueron elegidos por su aporte a la cultura popular y muchos de ellos fueron declarados Patrimonio Histórico de Buenos Aires. Son bares que, de alguna manera, construyen identidad. A mí me alcanzó con entrar a uno para entender por qué.

Seis razones para visitar “Los 36 Billares”

Este bar fue fundado en 1894 (sí, hace más de un siglo) y está en plena Avenida de Mayo. Lo descubrí por accidente, durante mi primera tarde en la ciudad, cuando una tormenta me sorprendió sin piedad. Mientras los titulares de TN anunciaban “diluvio en la ciudad”, yo me refugiaba en una mesa frente a la ventana, con mi mini paraguas azul en una mano y mi libreta en la otra.

El mozo me dejó instalarme tranquila y vino con la carta. No pasó mucho tiempo hasta que ambos sabíamos el pedido de memoria: dos porciones de pizza con fainá y un exprimido de naranja.

Desde esa ventana presencié una escena de ciudad coreografiada por la lluvia: gente corriendo con diarios sobre la cabeza, pilotos plásticos recién comprados, paraguas rotos en combate, autos detenidos en doble fila para dejar a alguien en la vereda. Y los que, como yo, buscaban un techo con historia.

Mientras esperaba, me puse a hojear el menú, mirar detalles, anotar cosas. Y encontré varias perlitas:

  1. No cobran servicio de mesa. Puede parecer menor, pero si vivís en otro país, como yo, donde eso ya viene incluido, lo agradecés el doble.

  2. El menú está en braille, además de estar en español, inglés y portugués. Detalles que suman. Que incluyen.

  3. La bebida más barata de la carta es el sifón de soda. Sifón. No vaso, no botella. Sifón. Argentina.

  4. Una de las meriendas lleva el nombre de Federico García Lorca, quien solía frecuentar el bar. Es abundante, ideal para compartir, y cuesta $230.

  5. Es considerado el centro de billar más importante del país, y también tiene mesas de pool y snooker. Una de ellas tiene 120 años.

  6. Producen pan dulce todo el año. Mi abuelo estaría feliz con este dato. Y yo también.

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