El Palacio Barolo y el poema que lo habita

En los últimos años, mi vínculo con Argentina ha oscilado entre lo cotidiano y lo extraordinario. La habito como quien la conoce desde siempre y, al mismo tiempo, la recorro como si la descubriera por primera vez. Así me pasa con Buenos Aires, una ciudad que me abruma y me abraza, que a veces me desubica en el subte, pero también me empuja a caminarla sin rumbo.

En uno de esos paseos azarosos por la Avenida de Mayo, me topé con una fachada que parecía contar secretos. Era el Palacio Barolo. Lo había visto mil veces, pero esa tarde me detuve de verdad. Su arquitectura, cargada de símbolos, invitaba a ir más allá. Así llegué a reservar una visita guiada por dentro del edificio. Lo hice con «Palacio Barolo Tours», que organiza los recorridos y coordina los cupos, los días y los horarios.

Inspiraciones árabes en su construcción

Un poema hecho piedra

Diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti e inaugurado en 1923, el Barolo es mucho más que un edificio. Es una interpretación arquitectónica de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Cada piso, cada escalera, cada número y cada ventana encierra una alegoría. No es casualidad que tenga 100 metros de altura, como los 100 cantos del poema, o 22 pisos, como las estrofas que lo componen. La dirección misma del edificio —1370— suma 11, un número cargado de significados dentro de la obra dantesca y del universo masónico.

El recorrido guiado te lleva desde el Infierno hasta el Cielo. Literalmente. La planta baja representa el Infierno, los pisos intermedios el Purgatorio, y los superiores —más sobrios, más luminosos— el Paraíso. El faro en la cima simboliza a los «Nueve Coros Angelicales» y, al llegar, la ciudad se extiende a tus pies como una visión celestial.

Vista del Congreso de la Nación desde uno de los balcones del Barolo

Escaleras que hablan y estilos que se mezclan

Caminar por el Barolo es entrar a un universo donde conviven estilos como el neogótico, el hindú y el neorrománico. Las escaleras de caracol son angostas, casi claustrofóbicas, pero vale la pena subir. Desde uno de los balcones se puede ver el Congreso, como si estuviera al alcance de la mano. En el camino, el suelo de damero blanco y negro propone una lectura dual del mundo, de lo correcto y lo incorrecto, de la luz y la sombra.

Aunque hoy el edificio alberga oficinas y locales comerciales, todavía puede recorrerse el pasaje que une Avenida de Mayo con Hipólito Yrigoyen, como si se tratara de un atajo entre épocas.

Algunas informaciones:

  • Las visitas guiadas se hacen los lunes, miércoles, jueves y viernes a las 10, 12, 14, 16, 17, 18 y 19 h; y los sábados, cada hora de 10 a 19 h.

  • Se requiere reserva previa. Los cupos rondan entre 20 y 25 personas por grupo.

  • El valor aproximado era de $220 por persona (consultar tarifas actualizadas); argentinos con DNI tenían un precio reducido.

  • La duración del recorrido es de aproximadamente 1 hora y media.

  • Para reservas: WhatsApp +54 9 11 6915 2385.

  • Hay visitas en español e inglés.

  • Parte del ascenso al faro se realiza por escaleras estrechas, así que es importante tenerlo en cuenta.

Salir del Barolo no es solo volver a la ciudad, es volver con los ojos llenos de símbolos. Es comprobar que, a veces, un edificio no solo guarda oficinas o pasillos, sino historias, mitologías y preguntas sin responder. Y que, si nos damos el tiempo de recorrerlo, tal vez podamos reencontrarnos con el Dante —o con nosotras mismas— en alguna de sus esquinas.

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