la simetría de mis días

Un día, en mi cuadernito, anoté que para llegar a un lugar, debo dejar otro atrás. Esta semana, esa frase tuvo más sentido que el día en que la escribí.

Porque cuando hay personas a mi alrededor que están atravesando momentos de incertidumbre o muchas preguntas, inevitablemente empiezo a cuestionar mi lugar. Me pregunto si también me estoy moviendo. Si me estoy quedando. Si estoy habitando donde quiero estar.

Esta semana, con mi terapeuta —y agarrándonos justamente de la importancia que el lenguaje tiene para mí— hablamos de (re)significar verbos. Porque definitivamente no es lo mismo ayudar que acompañar, ni cuidar que resolver.

Hace un tiempo, cuando flasheaba con hacer un fotolibro, recuerdo que uno de los textos que armé para complementarlo se titulaba “Simetría: ¿mi orden frente al caos?”. Me había dado cuenta de que, ante el lío que representaba (y representa) mudarme y cambiar tantas veces de piel, andaba sacándole fotos a todo lo simétrico que me encontraba por ahí, en la calle.

Por estos días, esa idea volvió a mí. Porque la necesidad de un dar y recibir simétrico —aún frente al caos— no deja a ninguna de las partes por encima de la otra. Acompañar no es quedarse quieta ni ser guía. Es estar al lado. Sin salvar. Sin resolver. Con presencia.

Entendí que, aunque es un proceso de aprendizaje que apenas empieza, sí, sí, sí y sí: yo quiero acompañar, cuidar y contener mucho más de lo que quiero resolver.

Simplemente quiero que esas personas —esas que quiero tanto— sepan que estoy acá. Como las nubes, el sol, el arcoíris y la lluvia que ahora aparecen en mis fotos.

Estoy. No para ordenar el mundo. Sino para compartirlo.

Posted in

Deja un comentario