Hay algo brotando en silencio desde Costa Rica

Hace un mes que llegué a Costa Rica. Honestamente, esta oración lleva una semana acompañándome y primereando este texto.

He intentado desmenuzar lo que quiero hacer con esa información. ¿Un balance?, ¿un recuento?, ¿una lista? Pero sé, con total certeza, que ninguna de esas opciones refleja lo que realmente estoy viviendo.

Si bien no llevo la cuenta, hace tiempo que dejé de ocultar ciertas inseguridades que se han instalado en mí. Algunas son susurros de mi propio cuerpo, otras, consecuencia de pequeños descuidos para con conmigo misma.

Con el pasar de los días descubrí que este viaje se siente como una puerta que quiere abrirse, pero que al mismo tiempo necesita mantenerse aferrada a algo. Me imaginé una bisagra, esa pequeña pieza que parece insignificante (y que jamás nos detendríamos a mirar), pero que es esencial para el movimiento. Y me di cuenta de que yo soy esa bisagra ahora. Estoy sostenida desde un punto, intentando mantenerme firme, pero sabiendo que debo girar, permitir el cambio. Hay una parte de mí que quiere modificar su perspectiva, que busca moverse, aunque aún no sé exactamente hacia dónde.

Lo que me resulta curioso es que, aunque he empezado de nuevo en varios países (e incluso esta experiencia tenga fecha de vencimiento), hacerlo desde el amor y el cuidado hacia mí misma es lo que se siente realmente nuevo. Venir a San José fue una decisión conversada, profundamente conversada. Por primera vez en muchos años, permití que otras personas fueran testigo de mis dudas. De alguna forma, permití que cada una sostuviera un pedacito de mis vulnerabilidades. Y eso, aunque me costó al principio, fue revelador. Perspectivas que jamás consideré empezaron a tener todo el sentido del mundo. 

Este viaje no es solo sobre lo profesional, aunque comenzó así. Es sobre reencontrarme con mi capacidad de decidir por mí misma, de ser suficiente para mí. No es que antes no pudiera, es que había olvidado cómo escucharme. Y cuando dejamos de escucharnos, nos desconectamos, nos volvemos desconocidas para nosotras mismas, perdiendo la oportunidad de recordar lo que realmente necesitamos.

“La esperanza también está en lo que va creciendo lento, en lo que se gesta en silencio, en lo que se cuida con amor”, esto que alguna vez, alguien escribió, me recuerda a todo este proceso, que comenzó hace ya un tiempo pero que, poco a poco, se asienta para recordarme otra vez, que soy mi propia casa y que, como escribí a principios de este año en el ticket de un supermercado para no perder la sensación: Cada instante de autocuidado se siente como la onda expansiva que dibuja una piedra al ser arrojada a un mar en calma.

Posted in

Deja un comentario