El Atelier Urbano

Soy Luz y acá dejo crónicas personales, observaciones sociales y análisis desde el movimiento.

Hace tiempo que tengo ganas de escribir sobre esto, aunque no es ninguna novedad que Rosalía sacó un disco nuevo (sí, llego tempranísimo a la tendencia). Venía amagando con escucharlo, pero la cantidad de análisis sobre si el disco funcionaba o no terminó generándome, por un tiempo, un rechazo bastante automático, como si todo ese ruido previo me hubiese arruinado la posibilidad de escuchar sin tener que tomar partido desde el minuto uno.

Hasta que un día le puse play y, en un momento muy específico, cuando empezó Memória (un fado hermoso junto a Carminho) me quedó dando vueltas una idea que no se fue más: recordar nunca es recordar exactamente lo mismo, porque la memoria siempre reconstruye, traduce, acomoda.

Y a partir de ahí aparecieron dos preguntas que parecen simples, pero no lo son: ¿Quién soy si no recuerdo? ¿Quién soy si otros dejan de recordarme? Con los días me di cuenta de que esas preguntas no eran solo mías. O, al menos, no solo de ese momento.

La idea terminó de ordenarse en una conversación con una amiga y, entre las dos, reconocimos algo que veníamos sintiendo hacía tiempo: que estas preguntas también están atravesadas por la experiencia migrante. Porque migrar no es solo moverse geográficamente: es fragmentar la memoria. Es aceptar que partes de tu historia quedan distribuidas en lugares físicos y también en otras personas.

En ese contexto, ella me habló de un libro de María del Mar Ramón (escritora colombiana a la que tengo pendiente leer más) y de la memoria como algo esquivo, como algo que una termina convirtiendo en “hecho” aunque muchas veces sea solo una versión, una interpretación, un relato que se fue sedimentando con el tiempo.

A partir de ahí, la reflexión se volvió mucho más personal. Pensé en mis recuerdos repartidos en distintos lugares del mundo. En las ciudades donde fui una versión distinta de mí. En las personas que me conocieron en momentos que hoy ya no existen, salvo en la memoria. Y apareció una pregunta que no siempre se dice en voz alta: ¿esas personas todavía me recuerdan? Y, si lo hacen, ¿cómo me recuerdan?

También apareció algo que no me sorprendió (porque, si soy honesta, lo pienso hace tiempo): los recuerdos que duelen también forman parte de mi identidad. En un contexto donde muchas narrativas (o reels de Instagram en realidad) hablan de “soltar” o “dejar atrás”, creo que hay algo incómodo en admitir que existe el deseo de sostener incluso lo que fue difícil, porque también construyó quién soy hoy.

«Siempre que me acuerdo de algo
Siempre lo recuerdo un poco diferente
Y sea como sea ese recuerdo
Siempre es verdad en mi mente
Y si mi alma se derrama
Y la falta de pasado es el olvido
Cuando muera, solo pido
No olvidar lo que he vivido.
«

Y volviendo a Rosalía, quizás por eso su canción me impacta de una forma tan directa. Porque nombra algo muy básico: el miedo a olvidar y, al mismo tiempo, el miedo a desaparecer del recuerdo de otros. Y creo que ahí hay algo que me interpela de forma muy concreta: incluso cuando duele, no quiero olvidar nada de lo que viví.

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