Luego de un merecido descanso, comenzó la aventura del primer día completo en París. Lo primero que hice fue asomarme a la vista desde el altillo del monoambiente: tejados alineados como en una escena de cine francés, detalles imposibles de ver desde la calle. Un amanecer parisino que parecía preparado para dar la bienvenida.
El cielo estaba despejado, pero la temperatura apenas alcanzaba los diez grados. Salí abrigada y con ganas de explorar. La primera parada fue una cafetería llamada Columbus. Un cartel que decía «Muffins Factory» fue más convincente que cualquier otra invitación. Pedí un café latte y un croissant para llevar. Esa fórmula se volvió ritual durante el resto de los días en la ciudad.

La caminata me llevó al Museo de Orsay, una antigua estación de tren transformada en uno de los espacios culturales más impresionantes de París. Ubicado frente al Jardín de las Tullerías y junto al Sena, su arquitectura ya promete antes de poner un pie en el interior. La estructura conserva elementos originales como el gran reloj y el antiguo restaurante, integrados en un recorrido visualmente imponente.
Orsay organiza su acervo de forma cronológica, lo que permite observar la evolución artística de finales del siglo XIX. El edificio tiene tres pisos, y en todos ellos se despliega una colección que incluye escultura, pintura, dibujos y mobiliario. Más de 2200 esculturas, cinco mil piezas de arte gráfico y una disposición pensada para que no falte ningún eslabón entre el clasicismo y el arte moderno.
Al final del ala central se exhibe una maqueta longitudinal en yeso de la Ópera de Garnier y una colección de dibujos que vale la pena detenerse a observar. Visitar la Ópera antes ayuda a comprender mejor estos detalles.
Uno de los movimientos predominantes es el impresionismo, seguido del posimpresionismo. Esta parte del recorrido fue una de las más emocionantes. Para quienes disfrutamos de este lenguaje artístico, entrar a esa sala es como pisar un libro abierto.
Entre las obras que más me impactaron:
- «Mujeres de Tahití» de Gauguin,
- «La noche estrellada sobre el Ródano» de Van Gogh,
- «La habitación de Vincent en Arles» de Van Gogh,
- «Autorretrato» de Van Gogh,
- «Olympia» de Manet,
- «La mujer de la cafetera» de Cézanne,
- «Pequeña bailarina de catorce años» de Degas

También hubo lugar para lo anecdótico: mientras observaba una escultura, una mujer a mi lado interrumpió el silencio con un exabrupto entre resignación y hartazgo: «¡Basta, basta de museos!». Su tono expresaba el agotamiento de muchos días de recorrido, o tal vez una sobrecarga de belleza.
Una de las ventajas de Orsay, frente a museos como el Louvre, es que se puede recorrer en menos de un día sin perder intensidad. Ideal para quienes tienen poco tiempo pero quieren llevarse una experiencia profunda.
#extradatos:
- Ingreso: 12 €, incluido en el Paris Museum Pass.
- Guardarropas gratuito, obligatorio para mochilas.
- Entrada gratuita el primer domingo de cada mes.
- Horarios: Jueves hasta las 21:30, otros días hasta las 18:00.
- Dentro del museo hay dos cafeterías y un restaurante.
- El ticket sirve para obtener descuento en la entrada a la Ópera de Garnier.

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