Hoy empecé un martes como cualquier otro pero permitiendo que LinkedIn me sugiriera cosas por email… Yo no sé quien armó los encabezados del tipo “Podrías encajar bien en el puesto de…”, pero a mi, la idea de “encajar» cada vez me resulta más incomoda y sigo pensando que así no es como debería ser.
Llevo casi tres días lidiando con migrañas, una experiencia completamente nueva y desconcertante para mí, y me siento un poco perdida, sin saber cómo aliviarme.
Decidí dar un paseo y terminé en la cafetería de los sábados, Namur. Por un largo rato, solo éramos dos almas compartiendo ese espacio. Supongo que un martes a las 10 de la mañana no es precisamente el momento más concurrido. La otra persona era un señor mayor que disfrutaba de un jugo de naranja XL (teniendo en cuenta los vasitos que habitualmente te dan) recién exprimido mientras leía el periódico con una lupa. Observé sus acciones con detenimiento, quizás porque me veía reflejada en él. Me hizo sonreír cuando se levantó para ir al baño y, como suelo hacer yo, se llevó consigo sus objetos de valor, en este caso, su teléfono y la lupa. El resto de sus pertenencias quedaron en la mesa, como una muestra de confianza en el mundo.
En mis auriculares, sonaba una canción que decía: «Ella dijo, despierta, no tiene sentido fingir» (aunque en inglés). Pausé la música para sumergirme en un libro de Leila Guerreiro que leo lento porque suele llevarme a lugares muy personales. «¿Alguna vez te has dado cuenta de que tu corazón es como un trozo de carne atravesado por un anzuelo, que tienes la garganta llena de piedras, que la vida te envuelve como una lana húmeda, y te encuentras sin deseos, sin palabras y sin expectativas: sin nada? A mí me ocurrió. El otro día. Era jueves. Eran las cinco de la tarde”.
Salí del café, crucé la calle y entré en una librería, de la que me llevé un libro de Rupi Kaur, quizás porque su título encajaba perfectamente con ese momento: «Healing through Words”. En la primera página, la escritora cita a Flannery O’Connor: “Escribo porque no sé lo que pienso hasta que leo lo que digo”.
Regresé a casa caminando lentamente, mi espalda me está dando algunos problemas de nuevo, siento que existe un cansancio que todavía no puedo identificar y se acumula ahí.
Caminando, me reconfortó la conversación con alguien a quien amo profundamente: «El caos fuera de control a menudo es más desafiante que el estrés de la oficina. Y siempre es una procesión mucho más profunda e interna».
Mientras tanto Luxemburgo volvió a su programación habitual de cielos grises y lluvias finitas. Entró a casa y en la compu le doy play a la playlist que escuchaba antes de salir a dar una vuelta y así suena:
«Pequeña caja de busto y luz
Desafiando la mañana
Antílope en quietud
Que destruye las murallas»
Y es que hoy cumpliría años un delirante del amor (Fito dixit), más específicamente el flaco Spinetta. Y personalmente creo que, con esto, sí está bueno arrancar un martes como cualquier otro.



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