• Gira Cafetera | Episodio 1 en Florianópolis: Café Cultura y Café François

    Mi amor por el café se ha convertido, sin dudas, en uno de mis hobbies. Aunque algunas cuestiones médicas me limitan en la cantidad que puedo tomar, eso no impide que esté siempre a la caza de nuevas cafeterías: artesanales, clásicas, modernas, no importa… lo importante es que tengan alma.

    Cuando me mudé a Florianópolis, en plena temporada de verano, la ciudad estaba invadida por turistas ansiosos por una pizza o algún plato con frutos de mar. Esa marea retrasó un poco mi descubrimiento de los sabores locales. Pero con paciencia y algunas buenas charlas, pude dar con lugares donde el café es protagonista.

    Café Cultura

    Este Café Bistró, con más de diez años de historia, acompaña el proceso del café desde la plantación hasta la taza. Su grano proviene de fincas seleccionadas en el sur de Minas Gerais y en la región de Alta Mogiana, dos zonas claves para el café arábigo brasileño.

    Café Cultura ofrece cuatro blends propios, cada uno con una personalidad única:

    • House Blend: Baja acidez cítrica, cuerpo redondo, dulzura de caña y un regusto persistente.

    • Moka / Peaberry: Cuerpo medio, baja acidez, notas achocolatadas y un toque de vainilla.

    • Café Orgánico: Acidez equilibrada, cuerpo acentuado, sabores de caramelo y frutos rojos.

    • Bourbon Amarelo: Acidez intensa de limón siciliano, cuerpo sedoso y notas de bergamota y azúcar mascabo.

    También podés encontrar los clásicos infaltables: Espresso, Latte, Macchiato, Moca y Capuccino, pero con un toque local. Algunas opciones bien brasileñas que descubrí:

    • Capuccino Brasileiro: espresso con leche, chocolate y canela.

    • Café Bombón: espresso con leche condensada.

    • Café Nutella: espresso, leche vaporizada, Nutella y nueces. (No apto para poco dulceros)

    Merienda CaféCultura

    Sucursales recomendadas:

    • Lagoa da Conceição: Rua Manoel Severino de Oliveira, 669 – Abierto todos los días de 9:00 a 00:30 hs.

    • Shopping Iguatemi: Av. Madre Benvenuta, Piso L2 – Lunes a sábados de 10:00 a 22:00 hs; domingos y feriados de 13:00 a 20:00 hs.

    • Espaço Primavera Garden: SC-401, Km 4 – Todos los días de 9:00 a 21:00 hs.

    Café François

    La historia de François comenzó en Italia, cruzó Francia, y aterrizó en Brasil de la mano de Benoit Cousin. En Florianópolis, este espacio mezcla café, boulangerie, pâtisserie, bar y vinos en un ambiente muy parisino… aunque siempre lleno de gente.

    Todo aquí se elabora en el momento, sin conservantes ni aditivos. El pan es hecho con fermento natural, los postres parecen salidos de una vitrina de película y el mostrador es un espectáculo de tentaciones.

    El café de la casa es Segafredo, una marca italiana con historia y prestigio mundial. El espresso es la estrella del menú, en sus versiones solo, cortado, descafeinado o gourmet (una selección premium).

    Mil Hojas

    🍰 Mis imperdibles: Mille-feuilles, Croissants, Tartelettes, y un Creme Brûlée que merece todos los suspiros.

    📍 Dirección: SC-401, 8600 – Corporate Park, Santo Antônio de Lisboa. 

    Bonus track

    Un proverbio etíope dice: «No le escapes al café». Y aunque todavía no encontré una cultura cafetera tan desarrollada como en otras ciudades de Brasil, estos rincones de Floripa hacen que la búsqueda valga cada sorbo.

  • Champs-Élysées: Entre Dior y la Revolución

    “Je m’baladais sur l’avenue, le cœur ouvert à l’inconnu… J’avais envie de dire bonjour à n’importe qui…”
    Ese es el comienzo de una canción que supo acompañarme muy bien durante mi paseo por una de las avenidas más famosas del mundo: los Campos Elíseos. Aux Champs-Élysées!

    Después de una extensa visita al Museo del Louvre, el día aún no había terminado. Nuestra próxima parada era el Arco del Triunfo, y nos separaban poco más de tres kilómetros y medio. Iniciamos la marcha con calma, decididas a disfrutar cada rincón.

    Del Louvre a la Plaza de la Concordia

    La Champs-Élysées tiene más de dos kilómetros de largo, y uno de sus primeros puntos de interés es el Jardín de las Tullerías. Paso a paso, nos fuimos adentrando en su belleza serena. A diario, decenas de personas descansan al sol, leen, toman vino entre amigos o se entregan a un rato de contemplación. Estatuas, espejos de agua y fuentes se intercalan con elegancia.

    Al llegar a la Plaza de la Concordia, el Obelisco de Luxor, con sus 23 metros de altura, se lleva todas las miradas. Donado por Egipto en 1829, está completamente cubierto por jeroglíficos de la época de Ramsés III.

    Pero este lugar también tiene un lado oscuro: fue aquí donde la guillotina ejecutó a figuras clave durante la Revolución Francesa, entre ellos Luis XVI y María Antonieta.

    obelisco-de-luxor

    Marcas, historia y el Arco del Triunfo

    Dejando atrás el obelisco, empezamos a notar que la avenida se transforma: fachadas antiguas conviven con un despliegue de vidrieras de lujo (Chanel, Dior, Louis Vuitton, Cartier, Hugo Boss). Aunque algunos podrían considerar esta parte de la Champs-Élysées excesivamente turística, lo cierto es que ha sido testigo de momentos históricos clave, como el desfile de liberación de Francia en 1944.

    Ya cerca del Arco del Triunfo, aparece un detalle que muchos desconocen: no se puede cruzar la calle directamente. Para llegar al monumento hay que bajar por un pasaje subterráneo que conecta con la boletería y evita atravesar el tráfico denso.

    vista-arco-triunfo

    Subir, sufrir… y maravillarse

    Lo que tampoco sabíamos era que nos esperaban casi 300 escalones hasta la cima. Luego de seis horas dentro del Louvre y más de una caminata intensa, la noticia no cayó con gracia… pero allá fuimos.

    La subida es estrecha, empinada y no hay mucho lugar para descansar. Pero la recompensa lo vale: París desde las alturas. Desde lo alto del Arco, se pueden ver la Torre Eiffel, el Arco de la Defensa, la Torre Montparnasse y la Basílica del Sagrado Corazón, todos perfectamente alineados con las avenidas radiales.
    Nos quedamos un buen rato ahí arriba, descansando, contemplando, tomando fotos…

    Final de jornada

    Desde lo alto del Arco del Triunfo, París se revela con todos sus contrastes: una ciudad que supo ser escenario de revoluciones y de resistencias, pero que hoy se rinde —al menos en los Campos Elíseos— al imperio de las marcas. Caminamos por una avenida donde las vidrieras relucen como templos del deseo y, sin embargo, bajo esas mismas baldosas, retumban historias de sangre, coraje y cambio. Tal vez el hechizo de París esté en eso: en convivir con elegancia su pasado feroz y su presente ostentoso, como si la memoria y el marketing no se contradijeran, sino que caminaran de la mano, al son de una canción vieja que todos, de alguna manera, seguimos tarareando.

  • Louvre: entre multitudes y memorias prestadas

    Siempre hay alguien que, en tono burlón (o no tanto), afirma que ciertos países van a dominar el mundo. Y debo reconocer que, por un momento, durante mi visita al Museo del Louvre, sentí que ese extraño presagio podía confirmarse, al ver cómo algunas salas se convertían en verdaderos escenarios de turismo masivo.

    Probablemente el Louvre sea uno de los museos más famosos del mundo. Quedamos pasmados por la gran superficie que abarca, y el esplendor que transmite no es algo que pueda pasarse por alto.

    El primer paso fue conseguir un mapa. Después de examinarlo, decidimos que sería útil alguna otra guía para no perdernos o dar vueltas en círculos. Dentro de las opciones disponibles, elegimos alquilar una audioguía gratuita, instalada en un dispositivo similar a un GPS. La guía propone diferentes rutas. Nosotros, visitantes primerizos, optamos por el recorrido que pasa por los principales íconos del arte. Así nos asegurábamos ver lo que todo el mundo (y todos los amigos que ya estuvieron allí) recomienda.

    La ruta nos llevó a La Victoria de Samotracia, la Gioconda de Da Vinci, la Venus de Milo, el Esclavo moribundo de Miguel Ángel, los Caballos de Marly de Coustou, los Aposentos de Napoleón III, el Escriba Sentado, La encajera de Vermeer, entre otras tantas piezas de renombre.

    El momento más caótico —y fotográficamente disputado— se dio frente a la Gioconda. La multitud apretujada, palos de selfie en alto, celulares titilando y mochilas chocándose eran parte del paisaje. Conseguir una buena vista se volvió una pequeña hazaña. Alejandro, que es más alto que yo, se abrió paso entre el gentío y conseguimos nuestra foto para luego escapar hacia uno de los balcones del museo. Entre el humo del cigarrillo y el aire fresco, nos reacomodamos el ánimo.

    Habiendo completado la primera ruta, nos dirigimos a una cafetería interna para disfrutar de un merecido café y debatir nuestros próximos pasos. La guía ofrecía otras tres o cuatro rutas, pero fuimos lo suficientemente honestos como para saber que el ritmo propuesto no sería exactamente el nuestro.

    Así que decidimos continuar por cuenta propia, aunque con cierta colaboración. Cada vez que ingresábamos a una sala, el GPS nos indicaba las obras «más relevantes» y ofrecía una breve contextualización histórica.

    aposentos-napoleon

    Uno de los sectores que más me impresionó fue el de los aposentos de Napoleón III. Qué increíble despliegue. Colores vibrantes, texturas, molduras talladas con una delicadeza envidiable… todo a nuestro alrededor era lujo e historia en su máxima expresión. Cerca de allí, una guía de un grupo en español relataba algunos «chismes» de época sobre María Antonieta. La tertulia parecía más bien una sobremesa, digna de un té de las cinco.

    Seguimos nuestro camino, ya algo cansados. Todo lo que nos habían dicho sobre la magnitud del Louvre era cierto: es gigantesco y parece no terminar nunca. Sala tras sala, se despliegan fragmentos de la historia de muchas civilizaciones.

    Y no puedo negar que más de una vez me pregunté por qué tantas piezas que pertenecen a la esencia de otras culturas están aquí, y no en sus respectivos lugares de origen. Es una reflexión que merece más voces, más matices y, probablemente, más coraje institucional.

    Una vez fuera del Louvre, nos sumamos a la clásica tradición: sacarnos una foto «tomando» con los dedos la punta de la pirámide. Parece que para facilitar la tarea, han colocado algunos cubos de cemento donde subirse. A veces una intenta esquivar los lugares comunes de un viaje, pero incluso cuando se resiste… termina cayendo. Y quizás, está bien así.

  • Inaugurando mis tres décadas en París

    “Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso”…

    Y así mis sensaciones se van mezclando con las palabras contenidas en uno de los capítulos (21) del libro más hermoso de Cortázar.

    Cuando le di inicio a mis relatos sobre París, creo que se me escapó algún que otro detalle. Según el cronograma de viaje, nuestro domingo no sería un domingo cualquiera. Como buena previsora que soy, destiné el día no solo a conocer, sino también a esperar la puesta del sol en la Torre Eiffel. Y así, coronar el día en que se cumplen mis tres décadas de vida.

    Reconozco que tenía cierta expectativa ante la cita con uno de los íconos parisinos por excelencia. Al mismo tiempo, un leve temor me asaltaba: días atrás habíamos escuchado en los medios locales que la Torre había permanecido cerrada al público debido a protestas de sus empleados, quienes exigían mayores medidas de seguridad. Por el momento, solo se habilitaba el ingreso hasta el segundo nivel. Mi suerte estaba echada al azar.

    De camino al destino compramos agua para hidratarnos. El sol había decidido salir con más fuerza que los días anteriores. Cámara en mano, como casi todo el viaje, retraté cada detalle pintoresco de París: balcones, arreglos florales, fachadas de bares y casas, toldos coloridos y ventanas especiales. En mi vorágine fotográfica perdí un poco el sentido del tiempo y del espacio, y sin darme cuenta ya me encontraba a pocos metros de uno de los símbolos más visitados del mundo.

    eiffel-tour

    Ya en la base, una increíble mole de acero de más de 300 metros de altura se alzaba sobre nuestras cabezas. Personalmente creo que la imagen de la Torre, tal como la tenemos en la mente, comienza a volverse difusa al verla de cerca. Al mirar hacia arriba solo vemos hierros entrecruzados, que cautivan y generan curiosidad en sus admiradores.

    Reconozco que puede ser un poco perturbador el aluvión de personas que intentan acceder a la Torre, pero después de cuatro horas de fila conseguimos llegar a la boletería. Momento crucial: al comprar los ingresos le pregunté a la vendedora en qué situación se encontraba el ascenso. Para mi sorpresa, pocas horas antes habían autorizado el acceso a la cima. Mi sonrisa fue difícil de esconder.

    Cada uno de los niveles ofrece una vista distinta de París y desde lo alto, el espectáculo se traslada a la ciudad en sí. En su último nivel, la respiración se entrecorta un poco… pero tranquila, solo es de emoción. Las postales son infinitas: es posible ver el Arco del Triunfo, el Louvre, la torre de Montparnasse, la Catedral de Notre Dame o la Basílica del Sagrado Corazón, íconos que hacen a la esencia de la ciudad. El Sena parece nunca terminar, y las innumerables perspectivas pueden entretenerte más tiempo del imaginable. En el interior existe un gráfico que enumera uno a uno los monumentos más altos y característicos del mundo, claro que con el objetivo de situar a la Torre como una de las más imponentes.

    vista-torreeiffel

    El sol se despedía de un domingo maravilloso mientras disfrutábamos de un café en uno de los bares internos. Para cerrar un día lleno de matices, se encendieron las más de 20 mil luces que iluminan por completo a la Torre Eiffel.

    Decidimos que la vuelta al departamento sería caminando y me acompañaría un algodón de azúcar, como para seguir sumando regalos a mi cumpleaños número treinta. A medida que nos alejábamos se volvió imposible no tomar algunas fotografías más: la dama de hierro y la luna fundida en un cielo limpio pedían a gritos ser capturadas.

    Finalmente, vimos caer la noche mientras recorríamos el Boulevard Saint-Michel.

    eiffel-tour-

  • Al supermercado en portugués: guía de supervivencia veggie

    Uno de mis primeros «choques culturales» al mudarme a Brasil fue ir al supermercado. Parece una cosa sencilla, parte de la rutina diaria, pero cuando los productos no se llaman igual ni lucen como lo que conocías, puede volverse todo un desafío.

    Mi alimentación incluye un 90% de vegetales y legumbres, y el 10% restante se lo lleva, esporádicamente, algún plato con pescado. Así que mi radar dentro del mercado se enfoca, sin dudas, en el sector de frutas y verduras.

    Este texto es un pequeño mapa de navegación sobre los productos que más dolores de cabeza me dieron al principio. No esperen un orden alfabético, esto va según el desconcierto que me generaron ☺

    Palta: En Brasil hay dos variedades similares. Una es el avocado (más pequeño y caro), y el otro es el abacate, que suele usarse en preparaciones dulces. En casa preferimos el primero, aunque duela al bolsillo.

    Limón: El limón amarillo que conocemos como «común» se llama Limão Siciliano y es bastante caro. El de uso doméstico y más accesible es el Limão Tahiti, verde y más pequeño.

    paltas-limones

    Lechuga: Mi base de alimentación. Acá es alface y hay muchas variantes: americana, crespa, roxa, lisa…

    Papa: Este es un clásico enredos: la papa que conocemos en Argentina se llama batata, mientras que la batata es batata doce. Confuso, pero cierto.

    Remolacha: Se llama beterraba. Al menos su aspecto es reconocible.

    Calabacín: Lo más parecido es la abóbora paulista, aunque su color es más claro y el sabor difiere un poco. El universo abóbora es amplísimo.

    Sandía: Misma fruta, distinto nombre: melancia.

    Naranja: Casi igual: laranja. Mi favorita para jugo es la laranja bahia.

    sandias-naranjas

    Banana: En mi ingenuidad, pensé que la banana era banana en todos lados. Pero no. En Brasil hay entre cuatro y seis tipos, todas distintas: figo, maçã, branca, caturra, da terra, ouro…

    Diccionario exprés de frutas y verduras:

    • Albahaca: Manjericão
    • Durazno: Pêssego
    • Puerro: Alho-poró
    • Perejil: Salsa
    • Apio: Aipo
    • Manzana: Maçã
    • Choclo: Milho
    • Zanahoria: Cenoura
    • Pimiento/Morrón: Pimentão
    • Berenjena: Berinjela
    • Menta: Hortelã
    • Ciruela: Ameixa
    • Coliflor: Couve-flor
    • Chauchas: Vagem macarrão
    • Melón: Melão
    • Ananá: Abacaxi
    • Huevo: Ovo
    • Pera: Pêra
    • Espinaca: Espinafre
    • Frutilla: Morango
    • Romero: Alecrim
    • Cilantro: Coentro
    • Cereza: Cereja
    • Higo: Figo
    • Arándanos: Mirtilo
    • Rabanito: Rabanete
    • Ajo: Alho
    • Berro: Agrião

    En un próximo artículo les voy a contar sobre productos que existen en Brasil pero no en Argentina. Algunos tienen sabores increíbles… y otros todavía no sé muy bien para qué vinieron al mundo.

  • Pensar la exposición como un concepto expandido

    Nota para Gala Visuales *

    La Fundación Cultural Badesc ubicada en la ciudad de Florianópolis, fue el espacio elegido para el desarrollo del Workshop sobre Curaduría Contemporánea, dictado justamente por una de las actuales curadoras de la Bienal del Mercosur, Ana Zavadil.

    La jornada comenzó con una cita interesante y significativa, como quien busca abrir camino para la entrada de otros protagonistas, “El arte no es hecho apenas por artistas” de Vera Zolberg. El contenido propondría una mirada sobre aquellos conceptos que envuelven al mundo de la curaduría y sus diversas realidades. Inevitablemente, el programa incluyó un encuadramiento histórico con el fin de construir una visión más analítica y crítica sobre la práctica en el circuito cultural.

    Duchamp decía que “el acto creativo no lo realiza sólo el artista; el espectador pone a la obra en contacto con el mundo exterior descifrando e interpretando su cualificación interna y así añade su contribución al acto creativo”. Pierre Bourdieu por otro lado, explicaba que la promoción del valor de la obra sería dada por un conjunto de agentes e instituciones.

    Según indica Zavadil, el curador no es necesariamente formado en arte y su tarea es la de crear y orientar contenidos para generar una estructura estética y así mediar entre destinatario y autor. Inicialmente su trabajo era un tanto incognito a cargo de la manutención de los acervos en galerías y museos. Pero ese escenario se vio modificado paulatinamente a fines de la década del 70 en conjunción con las necesidades del momento.

    Ana puso un fuerte foco en el desarrollo de aquellos textos ensayísticos que acompañan, y en parte definen, a las exposiciones hoy en día. Desde un punto de vista muy personal, acredita que los mismos se tornan valiosos documentos sobre el arte en cada ciudad, institución, período o movimiento artístico. Hizo referencia también al estudio de Brian O’DohertyInside the White Cube” en el cual se plantea que “los campos de fuerza perceptivos que existen dentro de la galería son tan potentes que, al salir de ella, el arte puede llegar a perder su carácter sagrado. Y, a la inversa, las cosas se convierten en arte cuando se hallan en un espacio en el que confluyen ideas potentes relativas a la creación artística”.

    Otro de los momentos de mayor especificidad de la jornada, se dio al intentar esclarecer que Crítico de Arte y Curador de Arte, no son lo mismo. En palabras de Ana, si bien la curaduría no es un acto neutro, la crítica juzga el trabajo del artista, el montaje, la selección de obras, etc.

    Aquí, en Brasil, se señalan algunos de estos nombres como los primeros críticos de arte: Mário Xavier de Andrade Pedrosa, Geraldo Ferraz, Sérgio Milliet, entre otros. Y a Frederico Morais como uno de los primeros en organizar una muestra desde el rol de curador. Dos de las exposiciones más recordadas se titularon “Objeto e Participação” y “Do Corpo à Terra” (Belo Horizonte, 1970).

    Con el pasar de los años el rol de curador sufrió algunos achaques debido a que en algunos casos, el interés económico superaba al cultural. Poco se ha escrito académicamente sobre la actividad de curador pero Ana rescata del artículo “O fardo da curadoría” de Olu Oguibe (artista, crítico y curador) cuatro ramas dentro de ella: Curador Burócrata, Curador Connaisseur, Curador Corredor Cultural y Curador Facilitador. Haciendo hincapié en la última de ellas, argumenta que en este caso el curador es un facilitador cuya contribución permite la realización y efectivización del proceso creativo como consecuencia de un vínculo genuino con la obra y el artista.

    Por otro parte se plantean ciertos aspectos críticos de una curaduría que naturalmente resultan interesantes disparadores ¿Cuál será su concepto crítico? ¿Cuáles serán los criterios para definir ese concepto? ¿Quiénes serán los artistas? ¿Cuáles serán las obras de esos artistas? ¿Dónde y cómo será realizada la muestra para lograr definir la museología? Para Ana Zavadil uno de los secretos está en conocer y visitar cada atelier, acompañar el proceso de creación de los artistas locales. Y más importante aún, pensar la exposición como un concepto expandido. Ir más allá de lo que resultaría obvio.

    La primera experiencia de Ana a gran escala, fue durante su gestión como curadora del MARGS (Museu de Arte do Rio Grande do Sul). Según comenta, el acervo del museo se encuentra completamente digitalizado, factor que acelero el proceso de producción. Así fue que detectó la existencia de al menos 1800 obras que remitían al concepto de Naturaleza Muerta, por lo que decidió trazar un paralelismo entre pasado y presente, entre piezas tradicionales versus obras contemporáneas. Todo este análisis trajo como resultado la muestra «A Bela Morte – Confrontos com a Natureza-Morta no Século XXI» que reunió a más de 100 obras y 90 artistas.

    Para finalizar la jornada Ana Zavadil instó a los asistentes a recorrer, junto a ella, la exposición colectiva “Paisagem Plural” con curaduría de ella misma. En la sala, dentro de la Fundación Cultural Badesc, se reúne lo mejor de la producción contemporánea de Rio Grande do Sul. El objetivo del paseo fue el de comentar y aclarar dudas sobre cada una de las decisiones que debió tomar para la construcción del espacio, la selección y el uso conceptual de las obras.

    Observaciones

    Ana Zavadil es “Mestre em Arte Contemporânea” por el Programa de Pos Graduación en Artes Visuales de la “Universidade Federal de Santa Maria-RS”, posee graduación en Artes Plásticas por la “Universidade Federal do Rio Grande do Sul” con habilitación en Pintura y en Historia, Teoría y Crítica de Arte. Actualmente es curadora del “Museu de Arte do Rio Grande do Sul Ado Malagoli (MARGS)” y fue parte del Comité de Acervo y Curaduría del mismo museo. De 2011 a 2013, fue integrante del Consejo Estadual de Cultura de Rio Grande do Sul.

    Tiene experiencia en el Área de Curaduría y Producción ejecutiva de exposiciones de arte, escribe textos críticos para el sitio http://www.babilonica.com, es Profesora del Curso de Pos Graduación en Artes Visuales: Diseño, Fotografía, Pintura y Grabado en la «Universidade de Caxias do Sul-RS», donde dicta la disciplina Introducción a la Curaduría.

  • Escalones, espejos y 1500 lámparas: crónica de una visita a Garnier

    El segundo día en París comenzó igual que el anterior: contemplando la vista matinal y haciendo una breve parada en una cafetería. El plan era visitar la Ópera de Garnier. Ya en la puerta, con ganas de conocer más sobre el lugar, decidimos alquilar la audioguía disponible en español (y en otras nueve lenguas).

    Para describir Garnier, tal vez la única palabra justa sea: despampanante. Muchos conocen solo su fachada, pero tomarse dos o tres horas para explorar su interior es una experiencia completamente distinta.

    Uno de los primeros datos que desconocía era que, antes de esta construcción, en el mismo sitio funcionaba la Ópera Montansier. Su demolición fue ordenada tras el asesinato del Duque de Berry a la salida de una función. Tras años de incertidumbre, se convocó a un concurso público para levantar un nuevo edificio. Entre más de 170 proyectos, y sin ser el favorito de la aristocracia, fue elegido el de Charles Garnier.

    Lo curioso es que Garnier no fue invitado formalmente a la inauguración de la Ópera que él mismo diseñó. Tuvo que pagar su propio palco para asistir.

    En esa época, a veces ni siquiera importaba el espectáculo en sí. Se vendían todas las localidades sin que el público supiera qué iba a ver. El edificio era, por sí mismo, el show.

    Hoy París cuenta con dos grandes óperas: Garnier y la Bastilla. Cuando se construyó esta última, se temió por el futuro de Garnier, pero finalmente se llegó a un acuerdo: en la Bastilla se presentarían los espectáculos de gran producción, mientras que en Garnier se reservarían los más intimistas, especialmente ballets y obras líricas.

    interior-opera-de-garnier

    Mientras recorríamos sus pasillos, uno no podía evitar dejarse llevar por la imaginación. Es inevitable pensar en aquellas representaciones teatrales fastuosas, en los vestuarios ostentosos, en la presencia de figuras históricas como Napoleón y, por supuesto, en el Fantasma de la Ópera.

    La audioguía reveló un detalle encantador: gran parte de los dorados de la Ópera están hechos con la técnica «dorado con efecto», que consiste en aplicar oro solo en las superficies donde la luz se refleja; el resto se pinta del mismo color.

    Es imposible no mirar hacia arriba. El techo de la gran escalera está decorado con cuatro composiciones alegóricas:

    • Norte: El triunfo de Apolo.
    • Este: Minerva combatiendo la fuerza bruta.
    • Sur: El encanto de la música.
    • Oeste: París recibiendo el plano de la nueva Ópera.

    En uno de los pasillos, escuchamos a una guía contar una anécdota deliciosa: cuando la esposa de Napoleón III visitó el lugar por primera vez, preguntó con desdén: “¿Qué estilo es este? Aquí no hay estilo”. A lo que Garnier respondió: “Señora, esto es estilo Napoleón III”.

    Las liras, símbolo de Apolo, dios de la música y de la luz, están por todas partes. Y hablando de luz, la Ópera tiene 1500 lámparas.

    Una de las mejores salas del mundo

    Llegamos finalmente a la sala de espectáculos, a la que casi no accedemos por un ensayo. A simple vista nadie imaginaría que está construida íntegramente en hierro, ya que todo está cubierto por terciopelo y oro. El corazón de la sala es una araña de bronce y cristal con 340 luces y siete toneladas de peso.

    Con Alejandro no parábamos de sacar fotos. Por momentos, perdía el hilo de la audioguía. Uno de los datos que alcancé a escuchar fue que el color rojo dominante se eligió porque reflejaba un tono rosado que realzaba el brillo y la juventud de los rostros femeninos.

    Justo cuando pensábamos que ya nada podía sorprendernos, giramos 180 grados y apareció el Gran Foyer. Mientras los visitantes sacaban millones de fotos, yo preferí quedarme quieta, observando. Alejandro salió al balcón, desde donde se escuchaba un concierto callejero.

    gran-foyer-opera-de-garnier

    El salón, largo y deslumbrante, está adornado con dos espejos enormes de 2,50 x 6,25 metros. Imposible no mirarse. Las pinturas del techo fueron obra de Paul Baudry, quien tardó nueve años en completar los 33 lienzos que cubren 500 metros cuadrados.

    Con el alma colmada de arte y música, nos fuimos no sin antes pasar por la tienda de souvenirs. Me llevé un DVD de María Callas y un sencillo lápiz. Una despedida perfecta para una experiencia inolvidable.

  • Hay sabores que matan! Hoy combinamos brownie con cerveza

    Para quienes amamos las cosas dulces, disfrutar de un brownie casero hecho con amor es un deleite de principio a fin. En mi caso, la historia tiene un pequeño giro: hace unos años me sacaron la vesícula, así que no siempre puedo entregarme sin restricciones a este tipo de placeres. Aun así, de vez en cuando, me permito una dosis medida de este pecado dulce.

    Hace unos días me invitaron a participar de lo que en portugués se conoce como Harmonização de Brownies com Cerveja. No voy a negar que al principio tuve mis dudas sobre eso de maridar brownies con cerveza. Existen técnicas muy específicas para lograr una buena armonía entre comidas y bebidas, así que no sabía bien con qué me iba a encontrar.

    armonizacion-cerveza-brownie

    Presentemos a los protagonistas del evento

    El espacio elegido fue Maestro-Cervecero, un lugar donde todo gira en torno a la cerveza, ya sea nacional o importada. Las estanterías exhiben botellas de todo tipo y origen: Holanda, Bélgica, Alemania, regiones diversas de Brasil… Hay diferencias en el tipo de materia prima, en la graduación alcohólica, en los envases. Todo muy tentador.

    El dulce de la noche fue obra de Eliane, quien produce artesanalmente los brownies de la marca “O Brownie” desde 2011. Yo ya los conocía y sabía lo deliciosos que eran, pero tenía curiosidad por descubrir cómo serían las combinaciones con cerveza.

    Una sommelier del equipo nos hizo una presentación muy clara de los cuatro estilos de cerveza seleccionados, mientras Eliane contaba con detalle el sabor y la composición de cada uno de los brownies.

    Así que… acá les paso el fixture…

    1. Backer 3 Lobos Exterminator
      (Belo Horizonte, Brasil – 4% alc.)
      🥂 con Brownie Capim Limão
      (brownie blanco con brigadeiro de capim limão y lascas de almendras)

    2. Berliner Kindl Weisse
      (Alemania – 3,5% alc.)
      🥂 con Brownie do Bosque
      (chocolate amargo y frutos del bosque: arándanos, frambuesa y mora)

    3. Backer Brown
      (Belo Horizonte, Brasil – 4,8% alc.)
      🥂 con Brownie Tradicional
      (chocolate amargo con nueces y opcional de ganache de chocolate belga)

    4. Schornstein Imperial Stout
      (Santa Catarina, Brasil – 8% alc.)
      🥂 con Brownie do Combú
      (chocolate del Amazonas, brigadeiro de cacao de la isla de Combú y castañas de Pará)

    armonizacion-cerveza-brownie

    Cada combinación fue una explosión de sabores y texturas. En serio, no sabría por cuál empezar. Había algo muy especial entre cada bocado y su cerveza: una especie de complicidad preexistente, una pareja perfecta armada con precisión.

    Antes de comenzar, nos entregaron unas planillas para anotar impresiones personales: color, aroma, sabor… lo que quisiéramos destacar de cada cerveza.

    Fue una experiencia deliciosa, diferente y muy bien pensada. Ojalá pueda repetirla pronto.

  • Van Gogh Museum, mi primera posta en Ámsterdam

    Cuando un artista te apasiona —no solo por su obra, sino por su historia—, cualquier espacio dedicado a él alrededor del mundo se vuelve parte esencial del viaje. Y creo fervientemente que ni el propio Van Gogh imaginó que algún día sería el protagonista de un museo en Holanda.

    En mi itinerario, apenas tres días estuvieron destinados a conocer Ámsterdam. Confieso que fue un error de cálculo que espero corregir algún día (de preferencia, no muy lejano). En su momento no se me ocurrió que podía llover sin pausa durante 24 horas, así que, en lugar de desanimarme, compré un paraguas (sí, con la leyenda “Amsterdam” impresa) y traté de entregarme a las excentricidades del lugar.

    El tiempo era escaso, así que los sitios a visitar estaban bien definidos. Primera parada: Van Gogh Museum.

    Hay cuestiones que no terminan de agradar, como enterarte de que ese fue el ingreso más caro que pagaste hasta ese momento por un museo: 17 euros. Sumale a eso una espera de, al menos, dos horas. Claro, luego descubrís que se trata de una de las cinco atracciones más visitadas de la ciudad y todo cobra sentido.

    A diferencia de París, esta vez no compré la famosa I Amsterdam City Card. Quizás fue un error, la fila “especial” avanzaba bastante más rápido que la “general”.

    La vida de Vincent, cuadro a cuadro

    El museo tiene tres plantas. Lo primero y lo último que vas a ver durante el recorrido es una tienda de recuerdos donde cada objeto lleva alguna pintura o retrato del artista.

    Más allá del costado comercial, hay algunos detalles a tener en cuenta:

    1. No está permitido sacar fotos ni grabar videos dentro del museo.

    2. Las mochilas y paraguas deben dejarse obligatoriamente en el guardarropa.

    La primera planta es especialmente interesante porque recorre la vida de Van Gogh de forma cronológica y dividida por etapas geográficas: Holanda, París, Arles, Saint-Rémy y Auvers-sur-Oise.

    Es cierto que muchas personas no se sienten cautivadas por sus primeras obras, pero al avanzar en el recorrido es un placer ver cómo ese aprendiz autodidacta se convirtió en un verdadero maestro.

    Para quienes amamos el impresionismo, esta visita es inexcusable. Eso sí, no todas las obras “icónicas” de Van Gogh están aquí, pero sí hay algunas destacadas:

    • El dormitorio (1888)

    • La casa amarilla (1888)

    • Autorretrato como pintor (1887-1888)

    • Los girasoles (1889)

    • Los comedores de patatas (1885)

    Algunos datos de color

    • Dentro del museo hay un sector llamado “Panorámica”, desde donde sí está permitido tomar fotografías, ya que no apunta a ninguna obra en particular.

    • En una de las paredes hay una imagen ampliada de Van Gogh con una leyenda que autoriza sacarse fotos junto a ella.

    • Se expone parte de la colección de grabados japoneses que el propio Vincent coleccionaba.

    • En la librería interna encontré, por fin, un ejemplar en español de Cartas a Theo, por solo 10 euros. Llevaba años buscándolo sin suerte en Argentina.

    • Y sí… también me entregaron un dibujo para colorear de Donald Duck, parodiando uno de los retratos más conocidos del pintor. Está colgado en una de las paredes del museo, con toda la dignidad posible.

  • Frida Kahlo, conexiones entre mujeres surrealistas en México

    Nota para Gala Visuales *

    Frida Kahlo sintetiza en sus obras, una muestra autobiográfica que mixtura un poco de expresionismo y surrealismo. Hay que destacar que al inicio de su carrera como pintora, su trabajo era más realista; pero el vivenciar una serie de experiencias personales bastante oscuras modificó su arte.

    El autorretrato abarca prácticamente el 50% de su obra. Frida solía decir: “Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco”. Confieso que ante la crudeza de algunos de sus cuadros, duele un poco imaginar ese deterioro corporal inevitable y ese sufrimiento espiritual por la no realización de ciertos anhelos.

    Su fisonomía cejijunta, su mezcla de razas (judía e india mexicana), su entrega al amor abiertamente, su vestimenta tradicional y ese sentido amor por su México adorado, atrajo a una innumerable cantidad de artistas interesados en palpar un poco de sus pasiones. Cuando conjeturo un poco sobre su vida y su trabajo, suele invadirme la fuerte convicción de que ésta mujer era capaz de alcanzar cierta hipnosis en más de una persona, no solo con sus creaciones un tanto revolucionarias sino también, con su enérgico temperamento y su interés por rescatar la cultura y las tradiciones de su tierra natal.

    Quizás partiendo un poco de ese punto, Teresa Arcq (curadora) dio vida a la actual muestra “Frida Kahlo: Conexiones entre mujeres surrealistas en México” que se desarrolla en el Instituto Tomie Ohtake, en la ciudad de San Pablo. A lo largo de la exposición se puede apreciar la producción mexicana realizada por mujeres que trazaron una visión potente de ese país, a través del arte. Es necesario recalcar que no todas son nacidas en México, pero sí es una realidad que se vieron encantadas y ligadas tanto a la figura de Frida, como al estilo surrealista.

    A solas con las pinturas

    Entre cuadros, esculturas, fotografías, catálogos y reportajes, la muestra permite “pasear” por la intensidad y el dramatismo de artistas como: Alice Rahon, Bona Tibertelli, Bridget Tichenor, Cordelia Urueta, Frida Kahlo, Jacqueline Lamba, Kati Horna, Leonora Carrington, Lola Álvarez Bravo, Lucienne Bloch, María Izquierdo, Olga Costa, Remedios Varo, Rosa Rolanda y Sylvia Fein.

    Frida se volvió un gran detonador, pero el surrealismo fue el fiel conductor… Ese afán de experimentar nuevas formas de concebir el arte y librarlo de las ataduras de la razón y el aburrimiento, se tornó una conexión. Cuestiones como la identidad, la maternidad, el cuerpo, la influencia de la cultura, la familia y hasta el pensamiento mágico fueron explorados finamente por este grupo de artistas.

    Verme envuelta hasta la médula con el arte de Frida no es una cuestión difícil de conquistar, no obstante es mi deber señalar que hubo otras artistas que cautivaron mi atención, como es el caso de Remedios Varo. Casi una completa desconocida en su país (es española pero se mudó y murió en México) esta mujer fue capaz de inventar un casamiento con su mejor amigo solo para obtener la independencia legal de su familia y al mismo tiempo, de su país. Existe cierto mundo de fantasía en sus obras o, en mejores palabras, una quinta dimensión que se modifica en cada nuevo acercamiento. Sus personajes viven sin normas y resulta confuso determinar con exactitud si son hombres o mujeres. Al mismo tiempo, conviven en ellos ciertos interrogantes que nacen de lo que supongo, una exploración de temas como la alquimia, la magia, la metamorfosis y el pitagorismo. En una de las salas se reproduce un audiovisual que profundiza un poco sobre estos conceptos y deja más “ubicado” al visitante curioso.

    La totalidad de los trabajos expuestos pertenecientes a este grupo de artistas demuestra, una vez más, que las mujeres eran, son y serán creadoras independientes, audaces y aptas para la construcción de lenguajes innovadores. Y nuestra venerada Frida reaparece como el catalizador de nuevas formas de pensar el arte a partir del corazón y los ojos de una mujer.