El Atelier Urbano

Soy Luz y acá dejo crónicas personales, observaciones sociales y análisis desde el movimiento.

  • Al supermercado en portugués: guía de supervivencia veggie

    Uno de mis primeros «choques culturales» al mudarme a Brasil fue ir al supermercado. Parece una cosa sencilla, parte de la rutina diaria, pero cuando los productos no se llaman igual ni lucen como lo que conocías, puede volverse todo un desafío.

    Mi alimentación incluye un 90% de vegetales y legumbres, y el 10% restante se lo lleva, esporádicamente, algún plato con pescado. Así que mi radar dentro del mercado se enfoca, sin dudas, en el sector de frutas y verduras.

    Este texto es un pequeño mapa de navegación sobre los productos que más dolores de cabeza me dieron al principio. No esperen un orden alfabético, esto va según el desconcierto que me generaron ☺

    Palta: En Brasil hay dos variedades similares. Una es el avocado (más pequeño y caro), y el otro es el abacate, que suele usarse en preparaciones dulces. En casa preferimos el primero, aunque duela al bolsillo.

    Limón: El limón amarillo que conocemos como «común» se llama Limão Siciliano y es bastante caro. El de uso doméstico y más accesible es el Limão Tahiti, verde y más pequeño.

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    Lechuga: Mi base de alimentación. Acá es alface y hay muchas variantes: americana, crespa, roxa, lisa…

    Papa: Este es un clásico enredos: la papa que conocemos en Argentina se llama batata, mientras que la batata es batata doce. Confuso, pero cierto.

    Remolacha: Se llama beterraba. Al menos su aspecto es reconocible.

    Calabacín: Lo más parecido es la abóbora paulista, aunque su color es más claro y el sabor difiere un poco. El universo abóbora es amplísimo.

    Sandía: Misma fruta, distinto nombre: melancia.

    Naranja: Casi igual: laranja. Mi favorita para jugo es la laranja bahia.

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    Banana: En mi ingenuidad, pensé que la banana era banana en todos lados. Pero no. En Brasil hay entre cuatro y seis tipos, todas distintas: figo, maçã, branca, caturra, da terra, ouro…

    Diccionario exprés de frutas y verduras:

    • Albahaca: Manjericão
    • Durazno: Pêssego
    • Puerro: Alho-poró
    • Perejil: Salsa
    • Apio: Aipo
    • Manzana: Maçã
    • Choclo: Milho
    • Zanahoria: Cenoura
    • Pimiento/Morrón: Pimentão
    • Berenjena: Berinjela
    • Menta: Hortelã
    • Ciruela: Ameixa
    • Coliflor: Couve-flor
    • Chauchas: Vagem macarrão
    • Melón: Melão
    • Ananá: Abacaxi
    • Huevo: Ovo
    • Pera: Pêra
    • Espinaca: Espinafre
    • Frutilla: Morango
    • Romero: Alecrim
    • Cilantro: Coentro
    • Cereza: Cereja
    • Higo: Figo
    • Arándanos: Mirtilo
    • Rabanito: Rabanete
    • Ajo: Alho
    • Berro: Agrião

    En un próximo artículo les voy a contar sobre productos que existen en Brasil pero no en Argentina. Algunos tienen sabores increíbles… y otros todavía no sé muy bien para qué vinieron al mundo.

  • Pensar la exposición como un concepto expandido

    Nota para Gala Visuales *

    La Fundación Cultural Badesc ubicada en la ciudad de Florianópolis, fue el espacio elegido para el desarrollo del Workshop sobre Curaduría Contemporánea, dictado justamente por una de las actuales curadoras de la Bienal del Mercosur, Ana Zavadil.

    La jornada comenzó con una cita interesante y significativa, como quien busca abrir camino para la entrada de otros protagonistas, “El arte no es hecho apenas por artistas” de Vera Zolberg. El contenido propondría una mirada sobre aquellos conceptos que envuelven al mundo de la curaduría y sus diversas realidades. Inevitablemente, el programa incluyó un encuadramiento histórico con el fin de construir una visión más analítica y crítica sobre la práctica en el circuito cultural.

    Duchamp decía que “el acto creativo no lo realiza sólo el artista; el espectador pone a la obra en contacto con el mundo exterior descifrando e interpretando su cualificación interna y así añade su contribución al acto creativo”. Pierre Bourdieu por otro lado, explicaba que la promoción del valor de la obra sería dada por un conjunto de agentes e instituciones.

    Según indica Zavadil, el curador no es necesariamente formado en arte y su tarea es la de crear y orientar contenidos para generar una estructura estética y así mediar entre destinatario y autor. Inicialmente su trabajo era un tanto incognito a cargo de la manutención de los acervos en galerías y museos. Pero ese escenario se vio modificado paulatinamente a fines de la década del 70 en conjunción con las necesidades del momento.

    Ana puso un fuerte foco en el desarrollo de aquellos textos ensayísticos que acompañan, y en parte definen, a las exposiciones hoy en día. Desde un punto de vista muy personal, acredita que los mismos se tornan valiosos documentos sobre el arte en cada ciudad, institución, período o movimiento artístico. Hizo referencia también al estudio de Brian O’DohertyInside the White Cube” en el cual se plantea que “los campos de fuerza perceptivos que existen dentro de la galería son tan potentes que, al salir de ella, el arte puede llegar a perder su carácter sagrado. Y, a la inversa, las cosas se convierten en arte cuando se hallan en un espacio en el que confluyen ideas potentes relativas a la creación artística”.

    Otro de los momentos de mayor especificidad de la jornada, se dio al intentar esclarecer que Crítico de Arte y Curador de Arte, no son lo mismo. En palabras de Ana, si bien la curaduría no es un acto neutro, la crítica juzga el trabajo del artista, el montaje, la selección de obras, etc.

    Aquí, en Brasil, se señalan algunos de estos nombres como los primeros críticos de arte: Mário Xavier de Andrade Pedrosa, Geraldo Ferraz, Sérgio Milliet, entre otros. Y a Frederico Morais como uno de los primeros en organizar una muestra desde el rol de curador. Dos de las exposiciones más recordadas se titularon “Objeto e Participação” y “Do Corpo à Terra” (Belo Horizonte, 1970).

    Con el pasar de los años el rol de curador sufrió algunos achaques debido a que en algunos casos, el interés económico superaba al cultural. Poco se ha escrito académicamente sobre la actividad de curador pero Ana rescata del artículo “O fardo da curadoría” de Olu Oguibe (artista, crítico y curador) cuatro ramas dentro de ella: Curador Burócrata, Curador Connaisseur, Curador Corredor Cultural y Curador Facilitador. Haciendo hincapié en la última de ellas, argumenta que en este caso el curador es un facilitador cuya contribución permite la realización y efectivización del proceso creativo como consecuencia de un vínculo genuino con la obra y el artista.

    Por otro parte se plantean ciertos aspectos críticos de una curaduría que naturalmente resultan interesantes disparadores ¿Cuál será su concepto crítico? ¿Cuáles serán los criterios para definir ese concepto? ¿Quiénes serán los artistas? ¿Cuáles serán las obras de esos artistas? ¿Dónde y cómo será realizada la muestra para lograr definir la museología? Para Ana Zavadil uno de los secretos está en conocer y visitar cada atelier, acompañar el proceso de creación de los artistas locales. Y más importante aún, pensar la exposición como un concepto expandido. Ir más allá de lo que resultaría obvio.

    La primera experiencia de Ana a gran escala, fue durante su gestión como curadora del MARGS (Museu de Arte do Rio Grande do Sul). Según comenta, el acervo del museo se encuentra completamente digitalizado, factor que acelero el proceso de producción. Así fue que detectó la existencia de al menos 1800 obras que remitían al concepto de Naturaleza Muerta, por lo que decidió trazar un paralelismo entre pasado y presente, entre piezas tradicionales versus obras contemporáneas. Todo este análisis trajo como resultado la muestra «A Bela Morte – Confrontos com a Natureza-Morta no Século XXI» que reunió a más de 100 obras y 90 artistas.

    Para finalizar la jornada Ana Zavadil instó a los asistentes a recorrer, junto a ella, la exposición colectiva “Paisagem Plural” con curaduría de ella misma. En la sala, dentro de la Fundación Cultural Badesc, se reúne lo mejor de la producción contemporánea de Rio Grande do Sul. El objetivo del paseo fue el de comentar y aclarar dudas sobre cada una de las decisiones que debió tomar para la construcción del espacio, la selección y el uso conceptual de las obras.

    Observaciones

    Ana Zavadil es “Mestre em Arte Contemporânea” por el Programa de Pos Graduación en Artes Visuales de la “Universidade Federal de Santa Maria-RS”, posee graduación en Artes Plásticas por la “Universidade Federal do Rio Grande do Sul” con habilitación en Pintura y en Historia, Teoría y Crítica de Arte. Actualmente es curadora del “Museu de Arte do Rio Grande do Sul Ado Malagoli (MARGS)” y fue parte del Comité de Acervo y Curaduría del mismo museo. De 2011 a 2013, fue integrante del Consejo Estadual de Cultura de Rio Grande do Sul.

    Tiene experiencia en el Área de Curaduría y Producción ejecutiva de exposiciones de arte, escribe textos críticos para el sitio http://www.babilonica.com, es Profesora del Curso de Pos Graduación en Artes Visuales: Diseño, Fotografía, Pintura y Grabado en la «Universidade de Caxias do Sul-RS», donde dicta la disciplina Introducción a la Curaduría.

  • Escalones, espejos y 1500 lámparas: crónica de una visita a Garnier

    El segundo día en París comenzó igual que el anterior: contemplando la vista matinal y haciendo una breve parada en una cafetería. El plan era visitar la Ópera de Garnier. Ya en la puerta, con ganas de conocer más sobre el lugar, decidimos alquilar la audioguía disponible en español (y en otras nueve lenguas).

    Para describir Garnier, tal vez la única palabra justa sea: despampanante. Muchos conocen solo su fachada, pero tomarse dos o tres horas para explorar su interior es una experiencia completamente distinta.

    Uno de los primeros datos que desconocía era que, antes de esta construcción, en el mismo sitio funcionaba la Ópera Montansier. Su demolición fue ordenada tras el asesinato del Duque de Berry a la salida de una función. Tras años de incertidumbre, se convocó a un concurso público para levantar un nuevo edificio. Entre más de 170 proyectos, y sin ser el favorito de la aristocracia, fue elegido el de Charles Garnier.

    Lo curioso es que Garnier no fue invitado formalmente a la inauguración de la Ópera que él mismo diseñó. Tuvo que pagar su propio palco para asistir.

    En esa época, a veces ni siquiera importaba el espectáculo en sí. Se vendían todas las localidades sin que el público supiera qué iba a ver. El edificio era, por sí mismo, el show.

    Hoy París cuenta con dos grandes óperas: Garnier y la Bastilla. Cuando se construyó esta última, se temió por el futuro de Garnier, pero finalmente se llegó a un acuerdo: en la Bastilla se presentarían los espectáculos de gran producción, mientras que en Garnier se reservarían los más intimistas, especialmente ballets y obras líricas.

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    Mientras recorríamos sus pasillos, uno no podía evitar dejarse llevar por la imaginación. Es inevitable pensar en aquellas representaciones teatrales fastuosas, en los vestuarios ostentosos, en la presencia de figuras históricas como Napoleón y, por supuesto, en el Fantasma de la Ópera.

    La audioguía reveló un detalle encantador: gran parte de los dorados de la Ópera están hechos con la técnica «dorado con efecto», que consiste en aplicar oro solo en las superficies donde la luz se refleja; el resto se pinta del mismo color.

    Es imposible no mirar hacia arriba. El techo de la gran escalera está decorado con cuatro composiciones alegóricas:

    • Norte: El triunfo de Apolo.
    • Este: Minerva combatiendo la fuerza bruta.
    • Sur: El encanto de la música.
    • Oeste: París recibiendo el plano de la nueva Ópera.

    En uno de los pasillos, escuchamos a una guía contar una anécdota deliciosa: cuando la esposa de Napoleón III visitó el lugar por primera vez, preguntó con desdén: “¿Qué estilo es este? Aquí no hay estilo”. A lo que Garnier respondió: “Señora, esto es estilo Napoleón III”.

    Las liras, símbolo de Apolo, dios de la música y de la luz, están por todas partes. Y hablando de luz, la Ópera tiene 1500 lámparas.

    Una de las mejores salas del mundo

    Llegamos finalmente a la sala de espectáculos, a la que casi no accedemos por un ensayo. A simple vista nadie imaginaría que está construida íntegramente en hierro, ya que todo está cubierto por terciopelo y oro. El corazón de la sala es una araña de bronce y cristal con 340 luces y siete toneladas de peso.

    Con Alejandro no parábamos de sacar fotos. Por momentos, perdía el hilo de la audioguía. Uno de los datos que alcancé a escuchar fue que el color rojo dominante se eligió porque reflejaba un tono rosado que realzaba el brillo y la juventud de los rostros femeninos.

    Justo cuando pensábamos que ya nada podía sorprendernos, giramos 180 grados y apareció el Gran Foyer. Mientras los visitantes sacaban millones de fotos, yo preferí quedarme quieta, observando. Alejandro salió al balcón, desde donde se escuchaba un concierto callejero.

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    El salón, largo y deslumbrante, está adornado con dos espejos enormes de 2,50 x 6,25 metros. Imposible no mirarse. Las pinturas del techo fueron obra de Paul Baudry, quien tardó nueve años en completar los 33 lienzos que cubren 500 metros cuadrados.

    Con el alma colmada de arte y música, nos fuimos no sin antes pasar por la tienda de souvenirs. Me llevé un DVD de María Callas y un sencillo lápiz. Una despedida perfecta para una experiencia inolvidable.

  • Hay sabores que matan! Hoy combinamos brownie con cerveza

    Para quienes amamos las cosas dulces, disfrutar de un brownie casero hecho con amor es un deleite de principio a fin. En mi caso, la historia tiene un pequeño giro: hace unos años me sacaron la vesícula, así que no siempre puedo entregarme sin restricciones a este tipo de placeres. Aun así, de vez en cuando, me permito una dosis medida de este pecado dulce.

    Hace unos días me invitaron a participar de lo que en portugués se conoce como Harmonização de Brownies com Cerveja. No voy a negar que al principio tuve mis dudas sobre eso de maridar brownies con cerveza. Existen técnicas muy específicas para lograr una buena armonía entre comidas y bebidas, así que no sabía bien con qué me iba a encontrar.

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    Presentemos a los protagonistas del evento

    El espacio elegido fue Maestro-Cervecero, un lugar donde todo gira en torno a la cerveza, ya sea nacional o importada. Las estanterías exhiben botellas de todo tipo y origen: Holanda, Bélgica, Alemania, regiones diversas de Brasil… Hay diferencias en el tipo de materia prima, en la graduación alcohólica, en los envases. Todo muy tentador.

    El dulce de la noche fue obra de Eliane, quien produce artesanalmente los brownies de la marca “O Brownie” desde 2011. Yo ya los conocía y sabía lo deliciosos que eran, pero tenía curiosidad por descubrir cómo serían las combinaciones con cerveza.

    Una sommelier del equipo nos hizo una presentación muy clara de los cuatro estilos de cerveza seleccionados, mientras Eliane contaba con detalle el sabor y la composición de cada uno de los brownies.

    Así que… acá les paso el fixture…

    1. Backer 3 Lobos Exterminator
      (Belo Horizonte, Brasil – 4% alc.)
      🥂 con Brownie Capim Limão
      (brownie blanco con brigadeiro de capim limão y lascas de almendras)

    2. Berliner Kindl Weisse
      (Alemania – 3,5% alc.)
      🥂 con Brownie do Bosque
      (chocolate amargo y frutos del bosque: arándanos, frambuesa y mora)

    3. Backer Brown
      (Belo Horizonte, Brasil – 4,8% alc.)
      🥂 con Brownie Tradicional
      (chocolate amargo con nueces y opcional de ganache de chocolate belga)

    4. Schornstein Imperial Stout
      (Santa Catarina, Brasil – 8% alc.)
      🥂 con Brownie do Combú
      (chocolate del Amazonas, brigadeiro de cacao de la isla de Combú y castañas de Pará)

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    Cada combinación fue una explosión de sabores y texturas. En serio, no sabría por cuál empezar. Había algo muy especial entre cada bocado y su cerveza: una especie de complicidad preexistente, una pareja perfecta armada con precisión.

    Antes de comenzar, nos entregaron unas planillas para anotar impresiones personales: color, aroma, sabor… lo que quisiéramos destacar de cada cerveza.

    Fue una experiencia deliciosa, diferente y muy bien pensada. Ojalá pueda repetirla pronto.

  • Van Gogh Museum, mi primera posta en Ámsterdam

    Cuando un artista te apasiona —no solo por su obra, sino por su historia—, cualquier espacio dedicado a él alrededor del mundo se vuelve parte esencial del viaje. Y creo fervientemente que ni el propio Van Gogh imaginó que algún día sería el protagonista de un museo en Holanda.

    En mi itinerario, apenas tres días estuvieron destinados a conocer Ámsterdam. Confieso que fue un error de cálculo que espero corregir algún día (de preferencia, no muy lejano). En su momento no se me ocurrió que podía llover sin pausa durante 24 horas, así que, en lugar de desanimarme, compré un paraguas (sí, con la leyenda “Amsterdam” impresa) y traté de entregarme a las excentricidades del lugar.

    El tiempo era escaso, así que los sitios a visitar estaban bien definidos. Primera parada: Van Gogh Museum.

    Hay cuestiones que no terminan de agradar, como enterarte de que ese fue el ingreso más caro que pagaste hasta ese momento por un museo: 17 euros. Sumale a eso una espera de, al menos, dos horas. Claro, luego descubrís que se trata de una de las cinco atracciones más visitadas de la ciudad y todo cobra sentido.

    A diferencia de París, esta vez no compré la famosa I Amsterdam City Card. Quizás fue un error, la fila “especial” avanzaba bastante más rápido que la “general”.

    La vida de Vincent, cuadro a cuadro

    El museo tiene tres plantas. Lo primero y lo último que vas a ver durante el recorrido es una tienda de recuerdos donde cada objeto lleva alguna pintura o retrato del artista.

    Más allá del costado comercial, hay algunos detalles a tener en cuenta:

    1. No está permitido sacar fotos ni grabar videos dentro del museo.

    2. Las mochilas y paraguas deben dejarse obligatoriamente en el guardarropa.

    La primera planta es especialmente interesante porque recorre la vida de Van Gogh de forma cronológica y dividida por etapas geográficas: Holanda, París, Arles, Saint-Rémy y Auvers-sur-Oise.

    Es cierto que muchas personas no se sienten cautivadas por sus primeras obras, pero al avanzar en el recorrido es un placer ver cómo ese aprendiz autodidacta se convirtió en un verdadero maestro.

    Para quienes amamos el impresionismo, esta visita es inexcusable. Eso sí, no todas las obras “icónicas” de Van Gogh están aquí, pero sí hay algunas destacadas:

    • El dormitorio (1888)

    • La casa amarilla (1888)

    • Autorretrato como pintor (1887-1888)

    • Los girasoles (1889)

    • Los comedores de patatas (1885)

    Algunos datos de color

    • Dentro del museo hay un sector llamado “Panorámica”, desde donde sí está permitido tomar fotografías, ya que no apunta a ninguna obra en particular.

    • En una de las paredes hay una imagen ampliada de Van Gogh con una leyenda que autoriza sacarse fotos junto a ella.

    • Se expone parte de la colección de grabados japoneses que el propio Vincent coleccionaba.

    • En la librería interna encontré, por fin, un ejemplar en español de Cartas a Theo, por solo 10 euros. Llevaba años buscándolo sin suerte en Argentina.

    • Y sí… también me entregaron un dibujo para colorear de Donald Duck, parodiando uno de los retratos más conocidos del pintor. Está colgado en una de las paredes del museo, con toda la dignidad posible.

  • Frida Kahlo, conexiones entre mujeres surrealistas en México

    Nota para Gala Visuales *

    Frida Kahlo sintetiza en sus obras, una muestra autobiográfica que mixtura un poco de expresionismo y surrealismo. Hay que destacar que al inicio de su carrera como pintora, su trabajo era más realista; pero el vivenciar una serie de experiencias personales bastante oscuras modificó su arte.

    El autorretrato abarca prácticamente el 50% de su obra. Frida solía decir: “Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco”. Confieso que ante la crudeza de algunos de sus cuadros, duele un poco imaginar ese deterioro corporal inevitable y ese sufrimiento espiritual por la no realización de ciertos anhelos.

    Su fisonomía cejijunta, su mezcla de razas (judía e india mexicana), su entrega al amor abiertamente, su vestimenta tradicional y ese sentido amor por su México adorado, atrajo a una innumerable cantidad de artistas interesados en palpar un poco de sus pasiones. Cuando conjeturo un poco sobre su vida y su trabajo, suele invadirme la fuerte convicción de que ésta mujer era capaz de alcanzar cierta hipnosis en más de una persona, no solo con sus creaciones un tanto revolucionarias sino también, con su enérgico temperamento y su interés por rescatar la cultura y las tradiciones de su tierra natal.

    Quizás partiendo un poco de ese punto, Teresa Arcq (curadora) dio vida a la actual muestra “Frida Kahlo: Conexiones entre mujeres surrealistas en México” que se desarrolla en el Instituto Tomie Ohtake, en la ciudad de San Pablo. A lo largo de la exposición se puede apreciar la producción mexicana realizada por mujeres que trazaron una visión potente de ese país, a través del arte. Es necesario recalcar que no todas son nacidas en México, pero sí es una realidad que se vieron encantadas y ligadas tanto a la figura de Frida, como al estilo surrealista.

    A solas con las pinturas

    Entre cuadros, esculturas, fotografías, catálogos y reportajes, la muestra permite “pasear” por la intensidad y el dramatismo de artistas como: Alice Rahon, Bona Tibertelli, Bridget Tichenor, Cordelia Urueta, Frida Kahlo, Jacqueline Lamba, Kati Horna, Leonora Carrington, Lola Álvarez Bravo, Lucienne Bloch, María Izquierdo, Olga Costa, Remedios Varo, Rosa Rolanda y Sylvia Fein.

    Frida se volvió un gran detonador, pero el surrealismo fue el fiel conductor… Ese afán de experimentar nuevas formas de concebir el arte y librarlo de las ataduras de la razón y el aburrimiento, se tornó una conexión. Cuestiones como la identidad, la maternidad, el cuerpo, la influencia de la cultura, la familia y hasta el pensamiento mágico fueron explorados finamente por este grupo de artistas.

    Verme envuelta hasta la médula con el arte de Frida no es una cuestión difícil de conquistar, no obstante es mi deber señalar que hubo otras artistas que cautivaron mi atención, como es el caso de Remedios Varo. Casi una completa desconocida en su país (es española pero se mudó y murió en México) esta mujer fue capaz de inventar un casamiento con su mejor amigo solo para obtener la independencia legal de su familia y al mismo tiempo, de su país. Existe cierto mundo de fantasía en sus obras o, en mejores palabras, una quinta dimensión que se modifica en cada nuevo acercamiento. Sus personajes viven sin normas y resulta confuso determinar con exactitud si son hombres o mujeres. Al mismo tiempo, conviven en ellos ciertos interrogantes que nacen de lo que supongo, una exploración de temas como la alquimia, la magia, la metamorfosis y el pitagorismo. En una de las salas se reproduce un audiovisual que profundiza un poco sobre estos conceptos y deja más “ubicado” al visitante curioso.

    La totalidad de los trabajos expuestos pertenecientes a este grupo de artistas demuestra, una vez más, que las mujeres eran, son y serán creadoras independientes, audaces y aptas para la construcción de lenguajes innovadores. Y nuestra venerada Frida reaparece como el catalizador de nuevas formas de pensar el arte a partir del corazón y los ojos de una mujer.

  • Primer día en París – Parte II: Descubriendo castillos medievales

    Una vez concluida la visita al Museo de Orsay, era momento de cambiar de aires. Caminar por los márgenes del Sena resultó una excelente decisión. El sol brillaba, y un carrito de helados pasó justo a tiempo para tentar con un frutilla y un dulce de leche. Sentarse a disfrutar del paisaje fue una forma perfecta de continuar el día.

    Por la tarde, surgió un plan improvisado. Un amigo que está viviendo en París propuso encontrarnos, y acordamos hacerlo en el Jardín de las Tullerías. Mientras tanto, un almuerzo sencillo pero efectivo: dos baguettes y una botella de vino blanco en el restaurante del parque. Un momento que unía buena comida, aire libre y una de las postales más lindas de la ciudad.

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    Pasado un rato, llegaron otros conocidos que estaban de paso por París. Ellos ya habían visitado los lugares más icónicos, así que los dejamos proponer. Y fue así como terminamos rumbo al Château de Vincennes. No estaba en los planes, pero la sorpresa fue grata.

    Es el segundo castillo más importante de París, después del Louvre, y actualmente aloja unidades de las Fuerzas Armadas. Aunque parte de su estructura estaba en restauración, la imponencia del sitio no pasó desapercibida.

    Desde allí, la caminata continuó hacia el distrito financiero de La Défense, donde se encuentra el poco conocido «Arche de la Défense» o Arco Nuevo. Su diseño cúbico abierto impacta, y da cierre al eje histórico que une varios puntos emblemáticos de la ciudad: del Louvre, pasando por el Jardín des Tuileries, el Obelisco, los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo.

    Aprovechamos sus escalinatas para descansar y conversar un rato. Estando tan cerca, surgió la idea de visitar la Fundación Louis Vuitton. A medida que nos acercábamos, el edificio, obra del arquitecto Frank Gehry, comenzaba a revelarse como una sinfonía de vidrio en movimiento. Por cuestiones de presupuesto, algunos decidieron no ingresar, así que quedó pendiente para otra ocasión.

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    Cuando la noche empezó a caer y los pies ya pedían tregua, la elección fue un bar para cerrar la jornada. En “Au Diable des Lombards” llegamos justo para el happy hour. Algunas cervezas, una tabla para compartir y la noche parisina, aún desconocida, comenzaba a desplegarse.

    #DatitosExtra:

    • Almuerzo: No es necesario hacer grandes comidas a mitad del día, especialmente si queda mucho por recorrer. Las baguettes son una opción económica y sorprendentemente rendidora. Si se acompaña con vino, el de la casa o los más accesibles suelen ser más que aceptables.
    • Château de Vincennes: Se pueden realizar visitas guiadas todos los días. Entrada: €8,50.
    • Arche de la Défense: Se accede a la cima por un ascensor panorámico. Desde allí se tiene una vista a 110 metros de altura. Entrada: €10. Cuenta con un museo de informática y un restaurante.
    • Fundación Louis Vuitton: Entrada general €14. Cerrado los martes.
  • 10 cosas que me habría encantado saber antes de llegar a la Ciudad de México

    Proyectar un viaje puede llevar tiempo y decisiones. A veces una simplemente se deja llevar, otras veces arma una ruta detallada. Sea cual sea tu estilo, estos datos te pueden ahorrar tiempo, plata y alguna que otra frustración si estás planeando visitar la Ciudad de México.

    1. Horarios de apertura: La mayoría de los locales comerciales del centro abren entre las 9:00 y 10:00 am. Esto complica un poco si tenés excursiones pautadas a primera hora (8:00 o 9:00 am), sobre todo si necesitás pasar antes por una casa de cambio o banco.

    2. Museo Frida Kahlo – Casa Azul: Además del valor del ingreso, si querés sacar fotos (sin flash), tenés que pagar un permiso adicional de $60.00 MXN. Está bueno saberlo de antemano para decidir si lo vas a usar o no.

    3. Entradas a zonas arqueológicas: El ingreso a todos los sitios arqueológicos administrados por el Conaculta tiene un valor general de $64.00 MXN (al menos hasta la fecha en que viajé). Visitamos Monte Albán, Chichén Itzá y el Museo Nacional de Antropología con ese mismo ticket. Si querés filmar, hay que abonar otro permiso adicional.

    4. Teotihuacán es gigante: Y sus pirámides también. No olvides protector solar, agua, ropa cómoda y mochila liviana. La visita requiere al menos un par de horas y el complejo cierra a las 17:00 hs.

    5. Ingreso a Teotihuacán: Cuesta $64.00 MXN y solo se puede pagar en efectivo. No aceptan tarjetas ni reservas online. Tenerlo claro ahorra malentendidos.

    6. Contratar un o una guía puede ser clave: Sobre todo si tenés pocos días y querés aprovecharlos bien. Nosotras contratamos a Fernando Contreras Manjarrez, y fue un golazo. Dejo sus datos tal como figuran en su tarjeta:

    7. Más museos para agendar: Una mexicana con la que conversé me pasó esta lista de lugares imperdibles (además de los típicos):

      • Museo Tamayo Arte Contemporáneo

      • Museo Franz Mayer

      • Museo Nacional de Arte de México

      • Antiguo Palacio de la Inquisición – Museo de Medicina Mexicana

      • Murales de Diego Rivera en la Secretaría de Educación Pública

      • Palacio de Minería

    8. ¡Cuidado con el picante!: En México el picante está presente en casi todos los platos. Si no sos fan o tenés alguna alergia, es importante aclararlo al momento de hacer el pedido.

    9. Museo Nacional de Antropología: Para ingresar tenés que dejar tus pertenencias en el guardarropa por seguridad. En mi caso, solo me dejaron pasar con la cámara en mano.

    10. Y por último… Llevá buen calzado y apertura para asombrarte. Ciudad de México es una metrópolis intensa, llena de historia, arte y vida. Vale cada paso.

  • 48 horas en el Distrito Federal

    Con dos amigas nos dispusimos a recorrer, en maratónicos 15 días, algunos de los lugares recomendados por quienes ya había tenido la oportunidad de visitar México y que también fueron escenario de su historia multifacética.

    Vale aclarar que tardamos casi tres días en llegar al país, lo que hace pensar que a veces conviene analizar mejor el costo/beneficio de ciertas promociones aéreas. Pisamos el Distrito Federal ya muy entrada la tarde, por lo que decidimos descansar y acomodarnos en el hostel para arrancar con todo al día siguiente.

    En nuestro mapa de ruta —confeccionado íntegramente por nosotras— destinamos apenas 48 horas para recorrer una ciudad que, como pronto descubriríamos, no es posible ni abarcar en diez días. El resultado fue que no logramos visitar ni el 10% de todo lo que hubiésemos querido.

    Nos hospedamos en el «Hostel Mundo Joven Catedral», con una ubicación privilegiada en pleno Zócalo. En una de nuestras primeras caminatas encontramos una interesante propuesta para contratar un guía. Dudamos un poco, sobre todo por las advertencias de seguridad que circulan para quienes visitan la ciudad, pero finalmente decidimos confiar.

    Contratamos a Fernando Contreras Manjarrez, quien nos acompañó con su camioneta durante dos días completos. Fue una excelente decisión, porque con tan poco tiempo, necesitábamos aprovechar cada minuto.

    Fernando nos ayudó a organizar el itinerario y quedó finalmente así:

    • Día 1: Zócalo, Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas), Basílica de Guadalupe, Taller de Plata Artesanal, Casa de Artesanías (Galería Media Luna) y Teotihuacán.
    • Día 2: Xochimilco, Museo Frida Kahlo – Casa Azul, Museo Nacional de Antropología y Bosques de Chapultepec.

    La jornada comenzó con algunos preparativos, pero lamentablemente no pudimos ingresar a los edificios del Zócalo: Catedral, Templo Mayor, Palacio Nacional, entre otros. La plaza central estaba ocupada en un 50% por una protesta docente, lo que imposibilitaba el acceso a los edificios públicos. Uno de los pendientes que más lamento es no haber podido ver los murales de Diego Rivera dentro del Palacio Nacional, que retratan la historia de México entre 1886 y 1957. Pero ya habrá otra oportunidad.

    Visitamos luego la Plaza de las Tres Culturas, también conocida como Plaza de Tlatelolco. Está ubicada en el centro de la ciudad y rodeada de conjuntos arquitectónicos pertenecientes a tres épocas históricas diferentes: las ruinas prehispánicas del antiguo centro ceremonial de Tlatelolco, la iglesia colonial de Santiago construida por los españoles en el siglo XVI, y los edificios modernos que representan el México contemporáneo. Esta coexistencia de tres tiempos en un solo lugar ofrece una mirada potente sobre la historia del país y su devenir. El paseo allí es breve, pero vale la pena.

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    Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas) – Foto: Celeste Tomasini

    México es un país con gran tradición en la producción de plata. La simbología prehispánica y los estilos contemporáneos conviven en sus diseños. Nuestro guía, Fernando, nos propuso visitar una pequeña fábrica familiar. La atención fue inmejorable —nos encontramos bebiendo tequila y cerveza a las 11 de la mañana— y los precios, muy accesibles. Terminamos comprando algunas piezas a mitad del precio habitual.

    Camino a Teotihuacán, hicimos una parada en la «Galería Media Luna», una tienda de artesanías ubicada en medio de la nada. Allí probamos tres tipos de mezcal: uno fermentado en cuero con corteza de madera y pulque, otro con miel, y uno con gusano de maguey incluido en la botella. La experiencia fue completa: aprendimos sobre su proceso de producción, su simbolismo y su rol en la vida cotidiana mexicana. Un paseo que vale la pena.

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    Galería Media Luna – Teotihuacán

    Teotihuacán: historia al aire libre

    Con el cielo amenazando lluvia, seguimos rumbo a Teotihuacán. Todo en el sitio arqueológico está al aire libre, así que la visita requería buen clima. El lugar impone desde el primer paso: historia, escala y belleza se conjugan en cada rincón. Nos propusimos subir a todas las pirámides, por lo que llevábamos mochilas livianas, agua y ropa cómoda.

    La Pirámide de la Luna estaba en mantenimiento, pero se podía acceder hasta la mitad. Su vista era impresionante. La Pirámide del Sol, la más grande del complejo, se encuentra en la Calzada de los Muertos y cuenta con 365 escalones. Un pasamanos (una cuerda tensada) ayuda durante la subida. El esfuerzo vale cada paso: una vez en la cima, el paisaje es inolvidable. Luego visitamos La Ciudadela y el Palacio de Quetzalpapálotl, antigua residencia de la élite teotihuacana y decorado con murales que nos dejaron sin palabras. Es fácil perder la noción del tiempo fotografiando cada rincón.

    La lluvia finalmente llegó, así que decidimos dejar la visita a la Basílica de Guadalupe para el día siguiente y buscar refugio en un restaurante para descubrir otra gran protagonista del viaje: la gastronomía mexicana.

  • Primer día en París – Parte I: Museo de Orsay, 3 pisos de historia y arte

    Luego de un merecido descanso, comenzó la aventura del primer día completo en París. Lo primero que hice fue asomarme a la vista desde el altillo del monoambiente: tejados alineados como en una escena de cine francés, detalles imposibles de ver desde la calle. Un amanecer parisino que parecía preparado para dar la bienvenida.

    El cielo estaba despejado, pero la temperatura apenas alcanzaba los diez grados. Salí abrigada y con ganas de explorar. La primera parada fue una cafetería llamada Columbus. Un cartel que decía «Muffins Factory» fue más convincente que cualquier otra invitación. Pedí un café latte y un croissant para llevar. Esa fórmula se volvió ritual durante el resto de los días en la ciudad.

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    La caminata me llevó al Museo de Orsay, una antigua estación de tren transformada en uno de los espacios culturales más impresionantes de París. Ubicado frente al Jardín de las Tullerías y junto al Sena, su arquitectura ya promete antes de poner un pie en el interior. La estructura conserva elementos originales como el gran reloj y el antiguo restaurante, integrados en un recorrido visualmente imponente.

    Orsay organiza su acervo de forma cronológica, lo que permite observar la evolución artística de finales del siglo XIX. El edificio tiene tres pisos, y en todos ellos se despliega una colección que incluye escultura, pintura, dibujos y mobiliario. Más de 2200 esculturas, cinco mil piezas de arte gráfico y una disposición pensada para que no falte ningún eslabón entre el clasicismo y el arte moderno.

    Al final del ala central se exhibe una maqueta longitudinal en yeso de la Ópera de Garnier y una colección de dibujos que vale la pena detenerse a observar. Visitar la Ópera antes ayuda a comprender mejor estos detalles.

    Uno de los movimientos predominantes es el impresionismo, seguido del posimpresionismo. Esta parte del recorrido fue una de las más emocionantes. Para quienes disfrutamos de este lenguaje artístico, entrar a esa sala es como pisar un libro abierto.

    Entre las obras que más me impactaron:

    • «Mujeres de Tahití» de Gauguin,
    • «La noche estrellada sobre el Ródano» de Van Gogh,
    • «La habitación de Vincent en Arles» de Van Gogh,
    • «Autorretrato» de Van Gogh,
    • «Olympia» de Manet,
    • «La mujer de la cafetera» de Cézanne,
    • «Pequeña bailarina de catorce años» de Degas

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    También hubo lugar para lo anecdótico: mientras observaba una escultura, una mujer a mi lado interrumpió el silencio con un exabrupto entre resignación y hartazgo: «¡Basta, basta de museos!». Su tono expresaba el agotamiento de muchos días de recorrido, o tal vez una sobrecarga de belleza.

    Una de las ventajas de Orsay, frente a museos como el Louvre, es que se puede recorrer en menos de un día sin perder intensidad. Ideal para quienes tienen poco tiempo pero quieren llevarse una experiencia profunda.

    #extradatos:

    • Ingreso: 12 €, incluido en el Paris Museum Pass.
    • Guardarropas gratuito, obligatorio para mochilas.
    • Entrada gratuita el primer domingo de cada mes.
    • Horarios: Jueves hasta las 21:30, otros días hasta las 18:00.
    • Dentro del museo hay dos cafeterías y un restaurante.
    • El ticket sirve para obtener descuento en la entrada a la Ópera de Garnier.