Una vez concluida la visita al Museo de Orsay, era momento de cambiar de aires. Caminar por los márgenes del Sena resultó una excelente decisión. El sol brillaba, y un carrito de helados pasó justo a tiempo para tentar con un frutilla y un dulce de leche. Sentarse a disfrutar del paisaje fue una forma perfecta de continuar el día.
Por la tarde, surgió un plan improvisado. Un amigo que está viviendo en París propuso encontrarnos, y acordamos hacerlo en el Jardín de las Tullerías. Mientras tanto, un almuerzo sencillo pero efectivo: dos baguettes y una botella de vino blanco en el restaurante del parque. Un momento que unía buena comida, aire libre y una de las postales más lindas de la ciudad.

Pasado un rato, llegaron otros conocidos que estaban de paso por París. Ellos ya habían visitado los lugares más icónicos, así que los dejamos proponer. Y fue así como terminamos rumbo al Château de Vincennes. No estaba en los planes, pero la sorpresa fue grata.
Es el segundo castillo más importante de París, después del Louvre, y actualmente aloja unidades de las Fuerzas Armadas. Aunque parte de su estructura estaba en restauración, la imponencia del sitio no pasó desapercibida.
Desde allí, la caminata continuó hacia el distrito financiero de La Défense, donde se encuentra el poco conocido «Arche de la Défense» o Arco Nuevo. Su diseño cúbico abierto impacta, y da cierre al eje histórico que une varios puntos emblemáticos de la ciudad: del Louvre, pasando por el Jardín des Tuileries, el Obelisco, los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo.
Aprovechamos sus escalinatas para descansar y conversar un rato. Estando tan cerca, surgió la idea de visitar la Fundación Louis Vuitton. A medida que nos acercábamos, el edificio, obra del arquitecto Frank Gehry, comenzaba a revelarse como una sinfonía de vidrio en movimiento. Por cuestiones de presupuesto, algunos decidieron no ingresar, así que quedó pendiente para otra ocasión.

Cuando la noche empezó a caer y los pies ya pedían tregua, la elección fue un bar para cerrar la jornada. En “Au Diable des Lombards” llegamos justo para el happy hour. Algunas cervezas, una tabla para compartir y la noche parisina, aún desconocida, comenzaba a desplegarse.
#DatitosExtra:
- Almuerzo: No es necesario hacer grandes comidas a mitad del día, especialmente si queda mucho por recorrer. Las baguettes son una opción económica y sorprendentemente rendidora. Si se acompaña con vino, el de la casa o los más accesibles suelen ser más que aceptables.
- Château de Vincennes: Se pueden realizar visitas guiadas todos los días. Entrada: €8,50.
- Arche de la Défense: Se accede a la cima por un ascensor panorámico. Desde allí se tiene una vista a 110 metros de altura. Entrada: €10. Cuenta con un museo de informática y un restaurante.
- Fundación Louis Vuitton: Entrada general €14. Cerrado los martes.

























