El Atelier Urbano

Soy Luz y acá dejo crónicas personales, observaciones sociales y análisis desde el movimiento.

  • Hay sabores que matan! Hoy combinamos brownie con cerveza

    Para quienes amamos las cosas dulces, disfrutar de un brownie casero hecho con amor es un deleite de principio a fin. En mi caso, la historia tiene un pequeño giro: hace unos años me sacaron la vesícula, así que no siempre puedo entregarme sin restricciones a este tipo de placeres. Aun así, de vez en cuando, me permito una dosis medida de este pecado dulce.

    Hace unos días me invitaron a participar de lo que en portugués se conoce como Harmonização de Brownies com Cerveja. No voy a negar que al principio tuve mis dudas sobre eso de maridar brownies con cerveza. Existen técnicas muy específicas para lograr una buena armonía entre comidas y bebidas, así que no sabía bien con qué me iba a encontrar.

    armonizacion-cerveza-brownie

    Presentemos a los protagonistas del evento

    El espacio elegido fue Maestro-Cervecero, un lugar donde todo gira en torno a la cerveza, ya sea nacional o importada. Las estanterías exhiben botellas de todo tipo y origen: Holanda, Bélgica, Alemania, regiones diversas de Brasil… Hay diferencias en el tipo de materia prima, en la graduación alcohólica, en los envases. Todo muy tentador.

    El dulce de la noche fue obra de Eliane, quien produce artesanalmente los brownies de la marca “O Brownie” desde 2011. Yo ya los conocía y sabía lo deliciosos que eran, pero tenía curiosidad por descubrir cómo serían las combinaciones con cerveza.

    Una sommelier del equipo nos hizo una presentación muy clara de los cuatro estilos de cerveza seleccionados, mientras Eliane contaba con detalle el sabor y la composición de cada uno de los brownies.

    Así que… acá les paso el fixture…

    1. Backer 3 Lobos Exterminator
      (Belo Horizonte, Brasil – 4% alc.)
      🥂 con Brownie Capim Limão
      (brownie blanco con brigadeiro de capim limão y lascas de almendras)

    2. Berliner Kindl Weisse
      (Alemania – 3,5% alc.)
      🥂 con Brownie do Bosque
      (chocolate amargo y frutos del bosque: arándanos, frambuesa y mora)

    3. Backer Brown
      (Belo Horizonte, Brasil – 4,8% alc.)
      🥂 con Brownie Tradicional
      (chocolate amargo con nueces y opcional de ganache de chocolate belga)

    4. Schornstein Imperial Stout
      (Santa Catarina, Brasil – 8% alc.)
      🥂 con Brownie do Combú
      (chocolate del Amazonas, brigadeiro de cacao de la isla de Combú y castañas de Pará)

    armonizacion-cerveza-brownie

    Cada combinación fue una explosión de sabores y texturas. En serio, no sabría por cuál empezar. Había algo muy especial entre cada bocado y su cerveza: una especie de complicidad preexistente, una pareja perfecta armada con precisión.

    Antes de comenzar, nos entregaron unas planillas para anotar impresiones personales: color, aroma, sabor… lo que quisiéramos destacar de cada cerveza.

    Fue una experiencia deliciosa, diferente y muy bien pensada. Ojalá pueda repetirla pronto.

  • Van Gogh Museum, mi primera posta en Ámsterdam

    Cuando un artista te apasiona —no solo por su obra, sino por su historia—, cualquier espacio dedicado a él alrededor del mundo se vuelve parte esencial del viaje. Y creo fervientemente que ni el propio Van Gogh imaginó que algún día sería el protagonista de un museo en Holanda.

    En mi itinerario, apenas tres días estuvieron destinados a conocer Ámsterdam. Confieso que fue un error de cálculo que espero corregir algún día (de preferencia, no muy lejano). En su momento no se me ocurrió que podía llover sin pausa durante 24 horas, así que, en lugar de desanimarme, compré un paraguas (sí, con la leyenda “Amsterdam” impresa) y traté de entregarme a las excentricidades del lugar.

    El tiempo era escaso, así que los sitios a visitar estaban bien definidos. Primera parada: Van Gogh Museum.

    Hay cuestiones que no terminan de agradar, como enterarte de que ese fue el ingreso más caro que pagaste hasta ese momento por un museo: 17 euros. Sumale a eso una espera de, al menos, dos horas. Claro, luego descubrís que se trata de una de las cinco atracciones más visitadas de la ciudad y todo cobra sentido.

    A diferencia de París, esta vez no compré la famosa I Amsterdam City Card. Quizás fue un error, la fila “especial” avanzaba bastante más rápido que la “general”.

    La vida de Vincent, cuadro a cuadro

    El museo tiene tres plantas. Lo primero y lo último que vas a ver durante el recorrido es una tienda de recuerdos donde cada objeto lleva alguna pintura o retrato del artista.

    Más allá del costado comercial, hay algunos detalles a tener en cuenta:

    1. No está permitido sacar fotos ni grabar videos dentro del museo.

    2. Las mochilas y paraguas deben dejarse obligatoriamente en el guardarropa.

    La primera planta es especialmente interesante porque recorre la vida de Van Gogh de forma cronológica y dividida por etapas geográficas: Holanda, París, Arles, Saint-Rémy y Auvers-sur-Oise.

    Es cierto que muchas personas no se sienten cautivadas por sus primeras obras, pero al avanzar en el recorrido es un placer ver cómo ese aprendiz autodidacta se convirtió en un verdadero maestro.

    Para quienes amamos el impresionismo, esta visita es inexcusable. Eso sí, no todas las obras “icónicas” de Van Gogh están aquí, pero sí hay algunas destacadas:

    • El dormitorio (1888)

    • La casa amarilla (1888)

    • Autorretrato como pintor (1887-1888)

    • Los girasoles (1889)

    • Los comedores de patatas (1885)

    Algunos datos de color

    • Dentro del museo hay un sector llamado “Panorámica”, desde donde sí está permitido tomar fotografías, ya que no apunta a ninguna obra en particular.

    • En una de las paredes hay una imagen ampliada de Van Gogh con una leyenda que autoriza sacarse fotos junto a ella.

    • Se expone parte de la colección de grabados japoneses que el propio Vincent coleccionaba.

    • En la librería interna encontré, por fin, un ejemplar en español de Cartas a Theo, por solo 10 euros. Llevaba años buscándolo sin suerte en Argentina.

    • Y sí… también me entregaron un dibujo para colorear de Donald Duck, parodiando uno de los retratos más conocidos del pintor. Está colgado en una de las paredes del museo, con toda la dignidad posible.

  • Frida Kahlo, conexiones entre mujeres surrealistas en México

    Nota para Gala Visuales *

    Frida Kahlo sintetiza en sus obras, una muestra autobiográfica que mixtura un poco de expresionismo y surrealismo. Hay que destacar que al inicio de su carrera como pintora, su trabajo era más realista; pero el vivenciar una serie de experiencias personales bastante oscuras modificó su arte.

    El autorretrato abarca prácticamente el 50% de su obra. Frida solía decir: “Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco”. Confieso que ante la crudeza de algunos de sus cuadros, duele un poco imaginar ese deterioro corporal inevitable y ese sufrimiento espiritual por la no realización de ciertos anhelos.

    Su fisonomía cejijunta, su mezcla de razas (judía e india mexicana), su entrega al amor abiertamente, su vestimenta tradicional y ese sentido amor por su México adorado, atrajo a una innumerable cantidad de artistas interesados en palpar un poco de sus pasiones. Cuando conjeturo un poco sobre su vida y su trabajo, suele invadirme la fuerte convicción de que ésta mujer era capaz de alcanzar cierta hipnosis en más de una persona, no solo con sus creaciones un tanto revolucionarias sino también, con su enérgico temperamento y su interés por rescatar la cultura y las tradiciones de su tierra natal.

    Quizás partiendo un poco de ese punto, Teresa Arcq (curadora) dio vida a la actual muestra “Frida Kahlo: Conexiones entre mujeres surrealistas en México” que se desarrolla en el Instituto Tomie Ohtake, en la ciudad de San Pablo. A lo largo de la exposición se puede apreciar la producción mexicana realizada por mujeres que trazaron una visión potente de ese país, a través del arte. Es necesario recalcar que no todas son nacidas en México, pero sí es una realidad que se vieron encantadas y ligadas tanto a la figura de Frida, como al estilo surrealista.

    A solas con las pinturas

    Entre cuadros, esculturas, fotografías, catálogos y reportajes, la muestra permite “pasear” por la intensidad y el dramatismo de artistas como: Alice Rahon, Bona Tibertelli, Bridget Tichenor, Cordelia Urueta, Frida Kahlo, Jacqueline Lamba, Kati Horna, Leonora Carrington, Lola Álvarez Bravo, Lucienne Bloch, María Izquierdo, Olga Costa, Remedios Varo, Rosa Rolanda y Sylvia Fein.

    Frida se volvió un gran detonador, pero el surrealismo fue el fiel conductor… Ese afán de experimentar nuevas formas de concebir el arte y librarlo de las ataduras de la razón y el aburrimiento, se tornó una conexión. Cuestiones como la identidad, la maternidad, el cuerpo, la influencia de la cultura, la familia y hasta el pensamiento mágico fueron explorados finamente por este grupo de artistas.

    Verme envuelta hasta la médula con el arte de Frida no es una cuestión difícil de conquistar, no obstante es mi deber señalar que hubo otras artistas que cautivaron mi atención, como es el caso de Remedios Varo. Casi una completa desconocida en su país (es española pero se mudó y murió en México) esta mujer fue capaz de inventar un casamiento con su mejor amigo solo para obtener la independencia legal de su familia y al mismo tiempo, de su país. Existe cierto mundo de fantasía en sus obras o, en mejores palabras, una quinta dimensión que se modifica en cada nuevo acercamiento. Sus personajes viven sin normas y resulta confuso determinar con exactitud si son hombres o mujeres. Al mismo tiempo, conviven en ellos ciertos interrogantes que nacen de lo que supongo, una exploración de temas como la alquimia, la magia, la metamorfosis y el pitagorismo. En una de las salas se reproduce un audiovisual que profundiza un poco sobre estos conceptos y deja más “ubicado” al visitante curioso.

    La totalidad de los trabajos expuestos pertenecientes a este grupo de artistas demuestra, una vez más, que las mujeres eran, son y serán creadoras independientes, audaces y aptas para la construcción de lenguajes innovadores. Y nuestra venerada Frida reaparece como el catalizador de nuevas formas de pensar el arte a partir del corazón y los ojos de una mujer.

  • Primer día en París – Parte II: Descubriendo castillos medievales

    Una vez concluida la visita al Museo de Orsay, era momento de cambiar de aires. Caminar por los márgenes del Sena resultó una excelente decisión. El sol brillaba, y un carrito de helados pasó justo a tiempo para tentar con un frutilla y un dulce de leche. Sentarse a disfrutar del paisaje fue una forma perfecta de continuar el día.

    Por la tarde, surgió un plan improvisado. Un amigo que está viviendo en París propuso encontrarnos, y acordamos hacerlo en el Jardín de las Tullerías. Mientras tanto, un almuerzo sencillo pero efectivo: dos baguettes y una botella de vino blanco en el restaurante del parque. Un momento que unía buena comida, aire libre y una de las postales más lindas de la ciudad.

    chateau-de-vincennes-paris

    Pasado un rato, llegaron otros conocidos que estaban de paso por París. Ellos ya habían visitado los lugares más icónicos, así que los dejamos proponer. Y fue así como terminamos rumbo al Château de Vincennes. No estaba en los planes, pero la sorpresa fue grata.

    Es el segundo castillo más importante de París, después del Louvre, y actualmente aloja unidades de las Fuerzas Armadas. Aunque parte de su estructura estaba en restauración, la imponencia del sitio no pasó desapercibida.

    Desde allí, la caminata continuó hacia el distrito financiero de La Défense, donde se encuentra el poco conocido «Arche de la Défense» o Arco Nuevo. Su diseño cúbico abierto impacta, y da cierre al eje histórico que une varios puntos emblemáticos de la ciudad: del Louvre, pasando por el Jardín des Tuileries, el Obelisco, los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo.

    Aprovechamos sus escalinatas para descansar y conversar un rato. Estando tan cerca, surgió la idea de visitar la Fundación Louis Vuitton. A medida que nos acercábamos, el edificio, obra del arquitecto Frank Gehry, comenzaba a revelarse como una sinfonía de vidrio en movimiento. Por cuestiones de presupuesto, algunos decidieron no ingresar, así que quedó pendiente para otra ocasión.

    arche-de-la-defense

    Cuando la noche empezó a caer y los pies ya pedían tregua, la elección fue un bar para cerrar la jornada. En “Au Diable des Lombards” llegamos justo para el happy hour. Algunas cervezas, una tabla para compartir y la noche parisina, aún desconocida, comenzaba a desplegarse.

    #DatitosExtra:

    • Almuerzo: No es necesario hacer grandes comidas a mitad del día, especialmente si queda mucho por recorrer. Las baguettes son una opción económica y sorprendentemente rendidora. Si se acompaña con vino, el de la casa o los más accesibles suelen ser más que aceptables.
    • Château de Vincennes: Se pueden realizar visitas guiadas todos los días. Entrada: €8,50.
    • Arche de la Défense: Se accede a la cima por un ascensor panorámico. Desde allí se tiene una vista a 110 metros de altura. Entrada: €10. Cuenta con un museo de informática y un restaurante.
    • Fundación Louis Vuitton: Entrada general €14. Cerrado los martes.
  • 10 cosas que me habría encantado saber antes de llegar a la Ciudad de México

    Proyectar un viaje puede llevar tiempo y decisiones. A veces una simplemente se deja llevar, otras veces arma una ruta detallada. Sea cual sea tu estilo, estos datos te pueden ahorrar tiempo, plata y alguna que otra frustración si estás planeando visitar la Ciudad de México.

    1. Horarios de apertura: La mayoría de los locales comerciales del centro abren entre las 9:00 y 10:00 am. Esto complica un poco si tenés excursiones pautadas a primera hora (8:00 o 9:00 am), sobre todo si necesitás pasar antes por una casa de cambio o banco.

    2. Museo Frida Kahlo – Casa Azul: Además del valor del ingreso, si querés sacar fotos (sin flash), tenés que pagar un permiso adicional de $60.00 MXN. Está bueno saberlo de antemano para decidir si lo vas a usar o no.

    3. Entradas a zonas arqueológicas: El ingreso a todos los sitios arqueológicos administrados por el Conaculta tiene un valor general de $64.00 MXN (al menos hasta la fecha en que viajé). Visitamos Monte Albán, Chichén Itzá y el Museo Nacional de Antropología con ese mismo ticket. Si querés filmar, hay que abonar otro permiso adicional.

    4. Teotihuacán es gigante: Y sus pirámides también. No olvides protector solar, agua, ropa cómoda y mochila liviana. La visita requiere al menos un par de horas y el complejo cierra a las 17:00 hs.

    5. Ingreso a Teotihuacán: Cuesta $64.00 MXN y solo se puede pagar en efectivo. No aceptan tarjetas ni reservas online. Tenerlo claro ahorra malentendidos.

    6. Contratar un o una guía puede ser clave: Sobre todo si tenés pocos días y querés aprovecharlos bien. Nosotras contratamos a Fernando Contreras Manjarrez, y fue un golazo. Dejo sus datos tal como figuran en su tarjeta:

    7. Más museos para agendar: Una mexicana con la que conversé me pasó esta lista de lugares imperdibles (además de los típicos):

      • Museo Tamayo Arte Contemporáneo

      • Museo Franz Mayer

      • Museo Nacional de Arte de México

      • Antiguo Palacio de la Inquisición – Museo de Medicina Mexicana

      • Murales de Diego Rivera en la Secretaría de Educación Pública

      • Palacio de Minería

    8. ¡Cuidado con el picante!: En México el picante está presente en casi todos los platos. Si no sos fan o tenés alguna alergia, es importante aclararlo al momento de hacer el pedido.

    9. Museo Nacional de Antropología: Para ingresar tenés que dejar tus pertenencias en el guardarropa por seguridad. En mi caso, solo me dejaron pasar con la cámara en mano.

    10. Y por último… Llevá buen calzado y apertura para asombrarte. Ciudad de México es una metrópolis intensa, llena de historia, arte y vida. Vale cada paso.

  • 48 horas en el Distrito Federal

    Con dos amigas nos dispusimos a recorrer, en maratónicos 15 días, algunos de los lugares recomendados por quienes ya había tenido la oportunidad de visitar México y que también fueron escenario de su historia multifacética.

    Vale aclarar que tardamos casi tres días en llegar al país, lo que hace pensar que a veces conviene analizar mejor el costo/beneficio de ciertas promociones aéreas. Pisamos el Distrito Federal ya muy entrada la tarde, por lo que decidimos descansar y acomodarnos en el hostel para arrancar con todo al día siguiente.

    En nuestro mapa de ruta —confeccionado íntegramente por nosotras— destinamos apenas 48 horas para recorrer una ciudad que, como pronto descubriríamos, no es posible ni abarcar en diez días. El resultado fue que no logramos visitar ni el 10% de todo lo que hubiésemos querido.

    Nos hospedamos en el «Hostel Mundo Joven Catedral», con una ubicación privilegiada en pleno Zócalo. En una de nuestras primeras caminatas encontramos una interesante propuesta para contratar un guía. Dudamos un poco, sobre todo por las advertencias de seguridad que circulan para quienes visitan la ciudad, pero finalmente decidimos confiar.

    Contratamos a Fernando Contreras Manjarrez, quien nos acompañó con su camioneta durante dos días completos. Fue una excelente decisión, porque con tan poco tiempo, necesitábamos aprovechar cada minuto.

    Fernando nos ayudó a organizar el itinerario y quedó finalmente así:

    • Día 1: Zócalo, Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas), Basílica de Guadalupe, Taller de Plata Artesanal, Casa de Artesanías (Galería Media Luna) y Teotihuacán.
    • Día 2: Xochimilco, Museo Frida Kahlo – Casa Azul, Museo Nacional de Antropología y Bosques de Chapultepec.

    La jornada comenzó con algunos preparativos, pero lamentablemente no pudimos ingresar a los edificios del Zócalo: Catedral, Templo Mayor, Palacio Nacional, entre otros. La plaza central estaba ocupada en un 50% por una protesta docente, lo que imposibilitaba el acceso a los edificios públicos. Uno de los pendientes que más lamento es no haber podido ver los murales de Diego Rivera dentro del Palacio Nacional, que retratan la historia de México entre 1886 y 1957. Pero ya habrá otra oportunidad.

    Visitamos luego la Plaza de las Tres Culturas, también conocida como Plaza de Tlatelolco. Está ubicada en el centro de la ciudad y rodeada de conjuntos arquitectónicos pertenecientes a tres épocas históricas diferentes: las ruinas prehispánicas del antiguo centro ceremonial de Tlatelolco, la iglesia colonial de Santiago construida por los españoles en el siglo XVI, y los edificios modernos que representan el México contemporáneo. Esta coexistencia de tres tiempos en un solo lugar ofrece una mirada potente sobre la historia del país y su devenir. El paseo allí es breve, pero vale la pena.

    tlatelolco-mexico-df
    Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas) – Foto: Celeste Tomasini

    México es un país con gran tradición en la producción de plata. La simbología prehispánica y los estilos contemporáneos conviven en sus diseños. Nuestro guía, Fernando, nos propuso visitar una pequeña fábrica familiar. La atención fue inmejorable —nos encontramos bebiendo tequila y cerveza a las 11 de la mañana— y los precios, muy accesibles. Terminamos comprando algunas piezas a mitad del precio habitual.

    Camino a Teotihuacán, hicimos una parada en la «Galería Media Luna», una tienda de artesanías ubicada en medio de la nada. Allí probamos tres tipos de mezcal: uno fermentado en cuero con corteza de madera y pulque, otro con miel, y uno con gusano de maguey incluido en la botella. La experiencia fue completa: aprendimos sobre su proceso de producción, su simbolismo y su rol en la vida cotidiana mexicana. Un paseo que vale la pena.

    galeria-media-luna-mexico
    Galería Media Luna – Teotihuacán

    Teotihuacán: historia al aire libre

    Con el cielo amenazando lluvia, seguimos rumbo a Teotihuacán. Todo en el sitio arqueológico está al aire libre, así que la visita requería buen clima. El lugar impone desde el primer paso: historia, escala y belleza se conjugan en cada rincón. Nos propusimos subir a todas las pirámides, por lo que llevábamos mochilas livianas, agua y ropa cómoda.

    La Pirámide de la Luna estaba en mantenimiento, pero se podía acceder hasta la mitad. Su vista era impresionante. La Pirámide del Sol, la más grande del complejo, se encuentra en la Calzada de los Muertos y cuenta con 365 escalones. Un pasamanos (una cuerda tensada) ayuda durante la subida. El esfuerzo vale cada paso: una vez en la cima, el paisaje es inolvidable. Luego visitamos La Ciudadela y el Palacio de Quetzalpapálotl, antigua residencia de la élite teotihuacana y decorado con murales que nos dejaron sin palabras. Es fácil perder la noción del tiempo fotografiando cada rincón.

    La lluvia finalmente llegó, así que decidimos dejar la visita a la Basílica de Guadalupe para el día siguiente y buscar refugio en un restaurante para descubrir otra gran protagonista del viaje: la gastronomía mexicana.

  • Primer día en París – Parte I: Museo de Orsay, 3 pisos de historia y arte

    Luego de un merecido descanso, comenzó la aventura del primer día completo en París. Lo primero que hice fue asomarme a la vista desde el altillo del monoambiente: tejados alineados como en una escena de cine francés, detalles imposibles de ver desde la calle. Un amanecer parisino que parecía preparado para dar la bienvenida.

    El cielo estaba despejado, pero la temperatura apenas alcanzaba los diez grados. Salí abrigada y con ganas de explorar. La primera parada fue una cafetería llamada Columbus. Un cartel que decía «Muffins Factory» fue más convincente que cualquier otra invitación. Pedí un café latte y un croissant para llevar. Esa fórmula se volvió ritual durante el resto de los días en la ciudad.

    columbus-cafe

    La caminata me llevó al Museo de Orsay, una antigua estación de tren transformada en uno de los espacios culturales más impresionantes de París. Ubicado frente al Jardín de las Tullerías y junto al Sena, su arquitectura ya promete antes de poner un pie en el interior. La estructura conserva elementos originales como el gran reloj y el antiguo restaurante, integrados en un recorrido visualmente imponente.

    Orsay organiza su acervo de forma cronológica, lo que permite observar la evolución artística de finales del siglo XIX. El edificio tiene tres pisos, y en todos ellos se despliega una colección que incluye escultura, pintura, dibujos y mobiliario. Más de 2200 esculturas, cinco mil piezas de arte gráfico y una disposición pensada para que no falte ningún eslabón entre el clasicismo y el arte moderno.

    Al final del ala central se exhibe una maqueta longitudinal en yeso de la Ópera de Garnier y una colección de dibujos que vale la pena detenerse a observar. Visitar la Ópera antes ayuda a comprender mejor estos detalles.

    Uno de los movimientos predominantes es el impresionismo, seguido del posimpresionismo. Esta parte del recorrido fue una de las más emocionantes. Para quienes disfrutamos de este lenguaje artístico, entrar a esa sala es como pisar un libro abierto.

    Entre las obras que más me impactaron:

    • «Mujeres de Tahití» de Gauguin,
    • «La noche estrellada sobre el Ródano» de Van Gogh,
    • «La habitación de Vincent en Arles» de Van Gogh,
    • «Autorretrato» de Van Gogh,
    • «Olympia» de Manet,
    • «La mujer de la cafetera» de Cézanne,
    • «Pequeña bailarina de catorce años» de Degas

    maqueta-opera-de-garnier

    También hubo lugar para lo anecdótico: mientras observaba una escultura, una mujer a mi lado interrumpió el silencio con un exabrupto entre resignación y hartazgo: «¡Basta, basta de museos!». Su tono expresaba el agotamiento de muchos días de recorrido, o tal vez una sobrecarga de belleza.

    Una de las ventajas de Orsay, frente a museos como el Louvre, es que se puede recorrer en menos de un día sin perder intensidad. Ideal para quienes tienen poco tiempo pero quieren llevarse una experiencia profunda.

    #extradatos:

    • Ingreso: 12 €, incluido en el Paris Museum Pass.
    • Guardarropas gratuito, obligatorio para mochilas.
    • Entrada gratuita el primer domingo de cada mes.
    • Horarios: Jueves hasta las 21:30, otros días hasta las 18:00.
    • Dentro del museo hay dos cafeterías y un restaurante.
    • El ticket sirve para obtener descuento en la entrada a la Ópera de Garnier.
  • KLM y el milagro del menú vegetariano (sí, en un avión)

    Cada persona elige qué comer y cómo hacerlo. En mi caso, hace poco más de un año decidí dejar de consumir cualquier tipo de carne (ni vaca, ni pollo, ni cerdo). Cuando estás en casa es fácil planificar el menú. En cambio, cuando viajás, especialmente a otro país o en vuelos largos, eso puede volverse un verdadero desafío.

    Hace unos meses emprendí un viaje desde São Paulo (Brasil) a París (Francia). Luego de comparar opciones, reservé mi pasaje con la aerolínea KLM. Leí que desde 2003 KLM se fusionó con Air France, así que técnicamente, mi experiencia estuvo atravesada por ambas compañías.

    tickets-avion

    Durante la compra del ticket, encontré una sección llamada “Special requests” donde era posible especificar preferencias alimentarias. Sin muchas expectativas y con algo de temor a pasar hambre durante las diez horas de vuelo —porque aún hay quien cree que una persona vegetariana se alimenta únicamente de zanahorias y tomates— marqué la opción “VEGETARIAN MEAL”.

    Spoiler: fue una revelación.

    No tengo acciones en KLM ni me dedico a hacerles publicidad, pero la experiencia fue tan buena que sentí la necesidad de compartirla. Voy a enumerar algunas razones para no olvidarlas:

    1. El menú vegetariano se sirve primero. Sin esperas eternas ni menú agotado.

    2. La comida era realmente sabrosa y saludable. Mucho mejor de lo que imaginé posible en un avión.

    3. Las combinaciones estaban bien pensadas. Claramente, quien diseña este menú entiende que comer sin carne no implica comer sin sabor.

    4. La atención fue excelente. Después de cada comida, una azafata se acercó a confirmar si todo estaba bien o si había algún error en el menú.

    5. Cada envase incluía una descripción detallada de los ingredientes. Esto es fundamental para quienes tienen restricciones específicas o alergias.

    Muchas veces señalamos lo que está mal. Pero esta vez, quiero celebrar una experiencia que me hizo sentir cuidada, entendida y, por qué no, bien alimentada a miles de metros de altura.

  • Viajar, elegir y reconfigurar

    ¿Qué estamos dispuestos a hacer por amor? Es una pregunta que cruza a muchas personas, en distintos momentos, de formas inesperadas. A mí me atravesó hace poco más de un año y medio, cuando se presentó una decisión difícil: por un lado, la posibilidad de compartir la vida con alguien a quien quería profundamente; por otro, todo lo que me vinculaba con mi entorno más cercano: amistades, familia, ciudad, idioma, rutina.

    Alejandro —mi compañero— vivía en San Pablo. Yo en Córdoba. Durante más de tres años sostuvimos la distancia como pudimos, con todos los malabares que quienes transitan relaciones así conocen de sobra. Pero inevitablemente, llegan los momentos de quiebre. Y así, decidí mudarme. Me fui sabiendo todo lo que dejaba atrás, y sin saber aún todo lo que me esperaba por delante.

    Llegar a un nuevo país no es solo cambiar de lugar; es reinventar la forma en la que una se relaciona con el mundo. Los vínculos, el idioma, las costumbres, los ritmos. Y en ese contexto, también el propio deseo se transforma. En medio de ese proceso, con todas las preguntas que una se hace cuando todo parece estar patas para arriba, surgió la idea de viajar. Después de tres años sin compartir vacaciones, decidimos emprender un viaje juntos a uno de los destinos muy esperados por mí al menos: París.

    Fue mi primera vez en Europa. Una ciudad que me ha fascinado desde siempre, con todo ese halo literario, estético, cultural. Armé el itinerario con total libertad y devoción, como quien construye una ruta simbólica por un lugar que no se termina nunca de descubrir.

    Sé que hablar de viajes puede sonar frívolo. Acceder a esa posibilidad no es universal, ni mucho menos. Pero también sé que no se trata solo de un destino o de una postal. A veces, moverse de lugar tiene que ver con reordenar las piezas internas. Y en mi caso, viajar fue una manera de volver a encontrarme.

    Planifiqué todo con intensidad: anoté los horarios, los días de cierre de museos, las conexiones entre barrios. Compramos el Paris Museum Pass para evitar filas y optimizar los tiempos. Descubrí rutas, caminé hasta el cansancio, y confirmé algo que ya intuía: París es infinita, aunque uno solo tenga siete días.

    tickets-avion

    El itinerario quedó así:

    • Viernes: Panthéon. Jardines de Luxemburgo. Quartier Latin.
    • Sábado: Musée d’Orsay. Château de Vincennes. La Défense (Grande Arche de la Fraternité). Fondation Louis Vuitton.
    • Domingo: Palacio Garnier. Hôtel de Ville. Torre Eiffel. Boulevard Saint-Michel.
    • Lunes: Musée du Louvre. Jardín de las Tullerías. Place de la Concorde. Obelisco de Luxor. Champs-Élysées. Arco del Triunfo.
    • Martes: Villa Savoye (Poissy). Shakespeare and Company. Catedral de Notre-Dame. Basílica del Sagrado Corazón. Montmartre.
    • Miércoles: Château de Versailles. Place de la Bastille.
    • Jueves: Centre Pompidou. Torre Montparnasse. Saint-Germain-des-Prés. Caminata por la orilla del Sena.

    Paris-Museum-Pass-Nada es imposible. Aunque el cuerpo reclame descanso, aunque haya que sortear cambios de clima o pies doloridos. Viajar también es una forma de insistir. De escuchar(se). Y de reconocerse de nuevo, incluso a miles de kilómetros de todo lo conocido.

  • Llegar a París: entre expectativas, caos y belleza

    18:10hs, Puerta 36B. Ahí estoy, con esa mezcla incontrolable de ansiedad y emoción. Más de diez horas de vuelo me separan de un deseo que llevaba tiempo gestando. El París literario no es solo un mito: para quienes amamos leer y escribir, la ciudad es más que un destino, es una promesa.

    El vuelo transcurrió con normalidad, salvo por la cantidad de veces que debimos movernos de lugar, más un pequeño incidente con una copa de vino. Las horas pasaron entre incomodidades mínimas, y pronto estábamos bajando en el aeropuerto Charles de Gaulle, todavía procesando que habíamos llegado.

    jardines-luxemburgo-zona

    Una vez allí, paramos por café. Había que tomar un tren rumbo al centro de París, con una parada frente a los Jardines de Luxemburgo, y desde ahí caminar hasta el monoambiente que habíamos reservado por internet.

    La compra del ticket fue algo caótica: una pantalla poco intuitiva y el temor clásico de subirnos al tren equivocado. Terminamos ayudando a otra pareja en la misma situación, como si supiéramos lo que hacíamos. Pequeñas victorias del viajero novato.

    Habíamos decidido viajar con mochilas en lugar de valijas, lo que resultó una gran elección. En el tren, ambos equipajes encajaron justo en el espacio disponible y pudimos viajar cómodos, observando el entorno y tratando de absorber los primeros signos del lugar.

    El tren impecable. No es romanticismo turístico, realmente todo estaba ordenado y funcional. Sí, inevitable la comparación. A veces inevitable también, la idealización.

    Al llegar a nuestra parada, el miedo de que la persona con la que habíamos coordinado el alojamiento no apareciera comenzó a hacerse presente. No habíamos pagado nada por adelantado, y aunque el dinero no estaba en juego, sí lo estaban nuestro techo y cierta fe en la humanidad. Esperamos una, dos, casi tres horas. Intentamos comunicarnos con el chip local que habíamos comprado, pero no había forma de activarlo.

    En una búsqueda desesperada, vimos un pequeño cibercafé. Entramos sin hablar francés, confiando en el lenguaje universal de la mímica. Nos recibió un hombre alto, amable, que enseguida detectó nuestra necesidad y, para nuestra suerte, hablaba portugués. Fue él quien nos salvó: activó el chip, nos prestó su teléfono y habló con la dueña del departamento. Al parecer, solo había habido un malentendido en las indicaciones. La mujer estaba a unas cuadras de distancia, esperándonos también.

    Corinne, la anfitriona, resultó ser una mujer de voz suave y tono amable. Nos explicó todo con dedicación. El monoambiente era simple pero acogedor. Tenía detalles encantadores: una caja con folletos, una agenda con teléfonos útiles, mapas, recomendaciones de restaurantes, guías turísticas y hasta chocolates con forma de corazón sobre los platos.

    alojamiento-en-paris

    Salimos a caminar. Nuestra idea era visitar los Jardines de Luxemburgo en otro momento, así que tomamos la dirección contraria. En el camino nos cruzamos con escuelas, estudiantes saliendo, calles tranquilas.

    Sin darnos cuenta, llegamos al Panthéon, que se encontraba cerrado al público por un evento diplomático. Una pequeña frustración que fue rápidamente disipada con una cerveza y maní con cáscara en un bar cercano, donde escuchamos una acalorada discusión literaria entre parroquianos con look de pensadores.

    Seguimos caminando mientras caía la noche. París comenzaba a vestirse de luces. Una verdulería en la vereda nos tentó: compramos vino, pan, queso, mermelada de arándanos y manzanas. Lo suficiente para una cena improvisada en nuestro nuevo hogar.

    #DatosExtra:

    • Alojamiento: Reservamos a través de Airbnb. Buena experiencia.
    • Comunicación: Si comprás un chip en el aeropuerto, activalo ahí mismo con ayuda del personal. Evitá complicaciones posteriores.
    • Transporte: El tren desde el aeropuerto al centro tiene una tarifa especial. Podés comprar los pasajes en máquinas similares a los cajeros automáticos, y podés usar tarjeta.