El Atelier Urbano

Soy Luz y acá dejo crónicas personales, observaciones sociales y análisis desde el movimiento.

  • KLM y el milagro del menú vegetariano (sí, en un avión)

    Cada persona elige qué comer y cómo hacerlo. En mi caso, hace poco más de un año decidí dejar de consumir cualquier tipo de carne (ni vaca, ni pollo, ni cerdo). Cuando estás en casa es fácil planificar el menú. En cambio, cuando viajás, especialmente a otro país o en vuelos largos, eso puede volverse un verdadero desafío.

    Hace unos meses emprendí un viaje desde São Paulo (Brasil) a París (Francia). Luego de comparar opciones, reservé mi pasaje con la aerolínea KLM. Leí que desde 2003 KLM se fusionó con Air France, así que técnicamente, mi experiencia estuvo atravesada por ambas compañías.

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    Durante la compra del ticket, encontré una sección llamada “Special requests” donde era posible especificar preferencias alimentarias. Sin muchas expectativas y con algo de temor a pasar hambre durante las diez horas de vuelo —porque aún hay quien cree que una persona vegetariana se alimenta únicamente de zanahorias y tomates— marqué la opción “VEGETARIAN MEAL”.

    Spoiler: fue una revelación.

    No tengo acciones en KLM ni me dedico a hacerles publicidad, pero la experiencia fue tan buena que sentí la necesidad de compartirla. Voy a enumerar algunas razones para no olvidarlas:

    1. El menú vegetariano se sirve primero. Sin esperas eternas ni menú agotado.

    2. La comida era realmente sabrosa y saludable. Mucho mejor de lo que imaginé posible en un avión.

    3. Las combinaciones estaban bien pensadas. Claramente, quien diseña este menú entiende que comer sin carne no implica comer sin sabor.

    4. La atención fue excelente. Después de cada comida, una azafata se acercó a confirmar si todo estaba bien o si había algún error en el menú.

    5. Cada envase incluía una descripción detallada de los ingredientes. Esto es fundamental para quienes tienen restricciones específicas o alergias.

    Muchas veces señalamos lo que está mal. Pero esta vez, quiero celebrar una experiencia que me hizo sentir cuidada, entendida y, por qué no, bien alimentada a miles de metros de altura.

  • Viajar, elegir y reconfigurar

    ¿Qué estamos dispuestos a hacer por amor? Es una pregunta que cruza a muchas personas, en distintos momentos, de formas inesperadas. A mí me atravesó hace poco más de un año y medio, cuando se presentó una decisión difícil: por un lado, la posibilidad de compartir la vida con alguien a quien quería profundamente; por otro, todo lo que me vinculaba con mi entorno más cercano: amistades, familia, ciudad, idioma, rutina.

    Alejandro —mi compañero— vivía en San Pablo. Yo en Córdoba. Durante más de tres años sostuvimos la distancia como pudimos, con todos los malabares que quienes transitan relaciones así conocen de sobra. Pero inevitablemente, llegan los momentos de quiebre. Y así, decidí mudarme. Me fui sabiendo todo lo que dejaba atrás, y sin saber aún todo lo que me esperaba por delante.

    Llegar a un nuevo país no es solo cambiar de lugar; es reinventar la forma en la que una se relaciona con el mundo. Los vínculos, el idioma, las costumbres, los ritmos. Y en ese contexto, también el propio deseo se transforma. En medio de ese proceso, con todas las preguntas que una se hace cuando todo parece estar patas para arriba, surgió la idea de viajar. Después de tres años sin compartir vacaciones, decidimos emprender un viaje juntos a uno de los destinos muy esperados por mí al menos: París.

    Fue mi primera vez en Europa. Una ciudad que me ha fascinado desde siempre, con todo ese halo literario, estético, cultural. Armé el itinerario con total libertad y devoción, como quien construye una ruta simbólica por un lugar que no se termina nunca de descubrir.

    Sé que hablar de viajes puede sonar frívolo. Acceder a esa posibilidad no es universal, ni mucho menos. Pero también sé que no se trata solo de un destino o de una postal. A veces, moverse de lugar tiene que ver con reordenar las piezas internas. Y en mi caso, viajar fue una manera de volver a encontrarme.

    Planifiqué todo con intensidad: anoté los horarios, los días de cierre de museos, las conexiones entre barrios. Compramos el Paris Museum Pass para evitar filas y optimizar los tiempos. Descubrí rutas, caminé hasta el cansancio, y confirmé algo que ya intuía: París es infinita, aunque uno solo tenga siete días.

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    El itinerario quedó así:

    • Viernes: Panthéon. Jardines de Luxemburgo. Quartier Latin.
    • Sábado: Musée d’Orsay. Château de Vincennes. La Défense (Grande Arche de la Fraternité). Fondation Louis Vuitton.
    • Domingo: Palacio Garnier. Hôtel de Ville. Torre Eiffel. Boulevard Saint-Michel.
    • Lunes: Musée du Louvre. Jardín de las Tullerías. Place de la Concorde. Obelisco de Luxor. Champs-Élysées. Arco del Triunfo.
    • Martes: Villa Savoye (Poissy). Shakespeare and Company. Catedral de Notre-Dame. Basílica del Sagrado Corazón. Montmartre.
    • Miércoles: Château de Versailles. Place de la Bastille.
    • Jueves: Centre Pompidou. Torre Montparnasse. Saint-Germain-des-Prés. Caminata por la orilla del Sena.

    Paris-Museum-Pass-Nada es imposible. Aunque el cuerpo reclame descanso, aunque haya que sortear cambios de clima o pies doloridos. Viajar también es una forma de insistir. De escuchar(se). Y de reconocerse de nuevo, incluso a miles de kilómetros de todo lo conocido.

  • Llegar a París: entre expectativas, caos y belleza

    18:10hs, Puerta 36B. Ahí estoy, con esa mezcla incontrolable de ansiedad y emoción. Más de diez horas de vuelo me separan de un deseo que llevaba tiempo gestando. El París literario no es solo un mito: para quienes amamos leer y escribir, la ciudad es más que un destino, es una promesa.

    El vuelo transcurrió con normalidad, salvo por la cantidad de veces que debimos movernos de lugar, más un pequeño incidente con una copa de vino. Las horas pasaron entre incomodidades mínimas, y pronto estábamos bajando en el aeropuerto Charles de Gaulle, todavía procesando que habíamos llegado.

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    Una vez allí, paramos por café. Había que tomar un tren rumbo al centro de París, con una parada frente a los Jardines de Luxemburgo, y desde ahí caminar hasta el monoambiente que habíamos reservado por internet.

    La compra del ticket fue algo caótica: una pantalla poco intuitiva y el temor clásico de subirnos al tren equivocado. Terminamos ayudando a otra pareja en la misma situación, como si supiéramos lo que hacíamos. Pequeñas victorias del viajero novato.

    Habíamos decidido viajar con mochilas en lugar de valijas, lo que resultó una gran elección. En el tren, ambos equipajes encajaron justo en el espacio disponible y pudimos viajar cómodos, observando el entorno y tratando de absorber los primeros signos del lugar.

    El tren impecable. No es romanticismo turístico, realmente todo estaba ordenado y funcional. Sí, inevitable la comparación. A veces inevitable también, la idealización.

    Al llegar a nuestra parada, el miedo de que la persona con la que habíamos coordinado el alojamiento no apareciera comenzó a hacerse presente. No habíamos pagado nada por adelantado, y aunque el dinero no estaba en juego, sí lo estaban nuestro techo y cierta fe en la humanidad. Esperamos una, dos, casi tres horas. Intentamos comunicarnos con el chip local que habíamos comprado, pero no había forma de activarlo.

    En una búsqueda desesperada, vimos un pequeño cibercafé. Entramos sin hablar francés, confiando en el lenguaje universal de la mímica. Nos recibió un hombre alto, amable, que enseguida detectó nuestra necesidad y, para nuestra suerte, hablaba portugués. Fue él quien nos salvó: activó el chip, nos prestó su teléfono y habló con la dueña del departamento. Al parecer, solo había habido un malentendido en las indicaciones. La mujer estaba a unas cuadras de distancia, esperándonos también.

    Corinne, la anfitriona, resultó ser una mujer de voz suave y tono amable. Nos explicó todo con dedicación. El monoambiente era simple pero acogedor. Tenía detalles encantadores: una caja con folletos, una agenda con teléfonos útiles, mapas, recomendaciones de restaurantes, guías turísticas y hasta chocolates con forma de corazón sobre los platos.

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    Salimos a caminar. Nuestra idea era visitar los Jardines de Luxemburgo en otro momento, así que tomamos la dirección contraria. En el camino nos cruzamos con escuelas, estudiantes saliendo, calles tranquilas.

    Sin darnos cuenta, llegamos al Panthéon, que se encontraba cerrado al público por un evento diplomático. Una pequeña frustración que fue rápidamente disipada con una cerveza y maní con cáscara en un bar cercano, donde escuchamos una acalorada discusión literaria entre parroquianos con look de pensadores.

    Seguimos caminando mientras caía la noche. París comenzaba a vestirse de luces. Una verdulería en la vereda nos tentó: compramos vino, pan, queso, mermelada de arándanos y manzanas. Lo suficiente para una cena improvisada en nuestro nuevo hogar.

    #DatosExtra:

    • Alojamiento: Reservamos a través de Airbnb. Buena experiencia.
    • Comunicación: Si comprás un chip en el aeropuerto, activalo ahí mismo con ayuda del personal. Evitá complicaciones posteriores.
    • Transporte: El tren desde el aeropuerto al centro tiene una tarifa especial. Podés comprar los pasajes en máquinas similares a los cajeros automáticos, y podés usar tarjeta.
  • Estación Luz: carriles responsables de la historia de una ciudad

    Si pienso en transporte lo primero que se viene a mi mente es una línea de colectivos (o buses), específicamente el corredor 73 (Córdoba – Argentina) ya que con él podría llegar al lugar donde vive actualmente mi familia… pero debo decir que en San Pablo si se delibera sobre transporte, el medio de movilidad por excelencia, popularidad y economía es el Metro.

    Recuerdo haber leído en alguna ocasión que, solo aquí, se mueven más de 500 millones de personas al año. Lo que representa un buen numerito, ¿no?

    Una de las estaciones de Metro que más miradas, fotografías y quizás hasta artículos turísticos se lleva, es con certeza la Estación Luz o Estação da Luz. Esta bella construcción fue abierta al público hace más de 114 años y representa una importante pieza articuladora entre el Metro y el servicio de trenes.

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    Panorámica de la Estación Luz en San Pablo / Foto: Shutterstock

    Estilo arquitectónico

    A primera vista, y para quien no comprende mucho de estilos arquitectónicos, te recuerda instintivamente a otro sitio de tarjeta postal. Aunque tarda un poco en caer la ficha, queda claro que su estructura traída desde Inglaterra le dio un parecido con el Big Ben. La construcción, de una marcada estética victoriana, quedó a cargo del ingeniero James Ford, quien colocó un enorme reloj que se convirtió rápidamente en un ícono histórico y punto de referencia.

    Y si de referencias hablamos debo admitir que, personalmente, conocerla fue una herramienta de inclusión social. Para explicarme un poco mejor debería recordar que mi nombre es Luz (el mismo que lleva la estación), cuando llegué a San Pablo nadie lograba entender cómo me llamaba exactamente. Para algunos era Luis (a una persona le dije una vez ¿de verdad tengo cara de Luis?), para otros Luiza o Lucía. Sin perder mucho el tiempo me armé un speech bien simple: «Hola, me llamo Luz como la Estação da Luz». Con él, logre que todos los brasileños pudiesen comprender cuál era mi nombre y hasta cómo se escribía.

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    Estación Luz en San Pablo / Foto: Shutterstock

    Jamón del medio

    La Estación Luz se encuentra rodeada de importantes espacios culturales de la ciudad de San Pablo, entre ellos podría destacar: la Pinacoteca del Estado, el Museo de la Lengua Portuguesa y el Jardín de Luz. Lo que vuelve a este cuarteto una ruta interesante para quienes visitan la ciudad y quieren conocer varios sitios en pocos kilómetros.

    La Pinacoteca (a mi modo de ver, sitio que hay que visitar sí o sí) es el museo de artes visuales más antiguo de la ciudad y pertenece a la Secretaria de Cultura del Estado. Según informan en su sitio oficial, realizan cerca de 30 exposiciones al año con más de 500 mil visitantes. Aunque supongo que este año rompieron el récord… durante el verano, las esculturas hiperrealistas de Ron Mueck reunieron a más de 400 mil personas en solo tres meses de exposición. Lamentablemente, mis cinco intentos de ingresar fueron fallidos: con cuatro horas de cola por delante, solo pude apreciar uno de sus trabajos.

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    Muestra de Ron Mueck en la Pinacoteca / Fotos: Luz Rubio

    Datos útiles para organizar la visita

    Pinacoteca del Estado

    • Dónde queda: Praça Da Luz, 66 – Bom Retiro
    • Horarios: Martes a domingos de 10:00 a 18:00hs (feriados también). Lunes, cerrado.
    • Cómo llegar: Metro Línea Amarilla, sentido «Luz»
    • Entrada: Gratuita del 18/07 al 18/10. Fuera de este período, el costo depende de la muestra.
    • Servicios: Tiene bicicletero y estacionamiento gratuito. Otro estacionamiento cercano cobra R$13,00 por 3 horas.
    • Más info: pinacoteca.org.br

    Estación Luz

    • Dónde queda: Praça da Luz, 1 – Bom Retiro
    • Horarios: Todos los días de 04:00 a 00:00hs
    • Cómo llegar: Metro Línea Azul, sentido «Luz»
    • Entrada: Gratuita
    • Más info: estacaodaluz.org.br

    Museo de la Lengua Portuguesa

    • Dónde queda: Praça da Luz, s/nº – Bom Retiro
    • Horarios: Martes a domingos de 10:00 a 18:00hs
    • Cómo llegar: Metro Línea Amarilla, sentido «Luz»
    • Entrada: R$6 general / R$3 estudiantes / Gratis los sábados
    • Más info: museulinguaportuguesa.org.br

    Jardín de Luz

    • Dónde queda: Praça da Luz, s/nº – Bom Retiro
    • Horarios: Todos los días de 09:00 a 18:00hs
    • Cómo llegar: Metro Línea Amarilla, sentido «Luz»
    • Entrada: Gratuita
  • Roberto Burle Marx: «hacer paisajismo es crear la permanencia de lo inestable»

    Mientras una deambula por las múltiples propuestas vinculadas al arte que ostenta la ciudad de San Pablo, sin querer se va topando con numerosos exponentes que pueden resultar familiares o no. Aquellos artistas a quienes los medios de comunicación no dieron una notoria exposición pueden parecernos desconocidos, sobre todo para alguien en formación como yo. Aunque, al mismo tiempo, esta situación despierta una curiosidad difícil de esquivar.

    La Pinacoteca de San Pablo posee en su programación una muestra dedicada a Roberto Burle Marx. Y aunque parte de su apellido pueda sonar conocido, nada tiene que ver con el revolucionario alemán que a veces nos viene a la mente.

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    Para empezar, va una brevísima ficha técnica:

    • Nombre completo: Roberto Burle Marx
    • Nacionalidad: Brasileña (nació en São Paulo)
    • Fecha de nacimiento: 4 de agosto de 1909
    • Fecha de fallecimiento: 4 de junio de 1994

    Roberto Burle Marx es reconocido como uno de los arquitectos paisajistas más importantes del siglo XX. Fue un hombre multifacético, ya que se desempeñó también como diseñador, pintor, grabador, litógrafo, escultor, tejedor, ceramista, joyero y decorador.

    Aunque nació en São Paulo, vivió parte de su infancia en Río de Janeiro y más tarde en Berlín, donde estudió pintura y tuvo sus primeros encuentros con obras de Picasso, Van Gogh y Klee. Esos estímulos marcaron su estilo.

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    Los jardines diseñados por Burle Marx eran comparados con pinturas abstractas: algunos curvilíneos, otros de líneas rectas, siempre con una característica central: el uso de especies nativas brasileñas para crear bloques de color.

    Trabajó junto a reconocidos arquitectos modernos como Lúcio Costa, Rino Levi, Affonso Eduardo Reidy y Oscar Niemeyer, en proyectos donde arquitectura y paisajismo dialogan e integran.

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    Su inspiración estaba profundamente ligada a las formas de la naturaleza. Sus pinturas reflejan esa experiencia como paisajista y botánico. Algunas de sus obras más reconocidas incluyen:

    • Abóboras com Bananas (1933)
    • Morro do Querosene (1936)
    • Cataventos (1940)
    • Morro de São Diogo (1941)
    • Figura em Cadeira de Balanço (1941)
    • Peixes (1944)

    En los años 70, tuvo un rol activo como ecologista, promoviendo la necesidad de formar conciencia crítica frente a la destrucción del medio ambiente.

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    Investigando un poco más, encontré una serie documental de cuatro episodios producida por la televisión brasileña, que explora sus facetas como coleccionista, paisajista, botánico y ambientalista. Ideal para quien quiera seguir conociéndolo.

    La muestra que motivó esta búsqueda se titula Uma Vontade de Beleza y se expuso en la Pinacoteca de São Paulo del 29 de noviembre al 19 de abril.

    Dato extra:

    Un proyecto de casa que nunca llegó a construirse dio origen a lo que hoy se conoce como el Parque Burle Marx, con una superficie de 138 mil m². Allí conviven más de 90 especies de animales y una gran diversidad de flora nativa de la Mata Atlántica, combinada con reforestación de eucaliptus. Este parque representa una síntesis del arte y la mirada paisajística de Burle Marx, y está abierto al público todos los días de 7 a 19 h (entrada: R$10 de lunes a viernes / R$12 fines de semana).

  • Frida Kahlo por Reinaldo Berto

    Nota para Gala Visuales *

    Para quienes conocen un poco de la obra de Frida Kahlo no resultaría extraño el concluir que sus cuadros son ricos en colores vibrantes y brillantes. Y que al mismo tiempo, ella supo darles un simbolismo especial para reflejar ciertos sentimientos o ideas.

    Frida ha resultado ser la musa para muchos y una referencia clave para adentrarse en el arte mexicano. Su muerte temprana y una vida de leyenda motivan a diferentes artistas, a inmortalizar parte de su legado y su filosofía.

    Reynaldo Berto se define como autodidacta, considerándose un observador atento y sensible de los paisajes urbanos como una gran fuente de inspiración. Su exposición titulada a secas “Frida Kahlo” muestra la influencia en él de la pintora, no solo en cuadros sino también en la intervención de diversos objetos como sillas, ventiladores, almohadas, entre otros.

    Con trazos fuertes y colores vibrantes, Berto utiliza su estilo divertido y caricaturesco para personificar por ejemplo a “Mônica” un personaje creado por Maurício de Sousa, en una escultura de 1,60 m. denominada “Monikahlo”.

    Colores de México

    El corazón de cada país, está en su pueblo. Para representar el orgullo de los mexicanos y de la mismísima Frida por sus raíces, Reynaldo trabajó en unos de sus cuadros los colores de la bandera de dicho país, que representan la esperanza y la sangre de los héroes nacionales.

    Vientos de México

    Entre los objetos expuestos e intervenidos por el artista, se encuentran dos pequeños ventiladores de pie. Está obra participó del Design Weekend 2014, Festival de decoración, arquitectura, arte e innovación tecnológica, siendo parte de la exposición de ventiladores retro personalizados.

    Datos de la Exposición:
    “Frida Kahlo” por Reynaldo Berto
    Del 24 de Julio al 31 de Agosto
    Shopping Frei Caneca – Rua Frei Caneca, 569 – São Paulo
    De lunes a sábados de 10hs a 22hs. Domingos de 12hs a 20hs
    Entrada gratuita

  • Pablo Picasso en el CCBB de San Pablo

    Nota para Gala Visuales *

    Por Luz Rubio

    Con el paso del tiempo comienzo a comprender, e incluso a vivenciar, el lugar que posee la ciudad de San Pablo en el mundo del arte. En solo 6 meses de estadía, innumerables exposiciones de artistas reconocidos y emergentes se han dado cita en los diferentes espacios culturales. Y estoy segura que no llego a enterarme de todas!

    En esta oportunidad vamos a conversar sobre la exposición que da título a esta nota. El Centro Cultural del Banco de Brasil, sede San Pablo, recibió más de 90 obras que evidencian la influencia de Picasso en el arte moderno español.

    Con la curaduría de Eugenio Carmona (profesor de Historia del Arte en la Universidad de Málaga), la muestra se encuentra dividida en ocho módulos y busca referenciar todo el trayecto artístico de Picasso. Al mismo tiempo, se incluyen los trazos más importantes y originales de la sensibilidad artística del pintor y de algunos de sus contemporáneos españoles que dejaron una gran impresión en el escenario internacional de las artes. El listado de nombres es amplio y se divide entre los que influenciaron a Picasso y entre los que resultaron influenciados por Picasso: Miró, Dalí, Gris, Domínguez, Sunyer, Tàpies, Saura, Milares, Chirino, Torres-García, Palazuelo, solo por citar algunos.

    La exposición fue organizada en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Fundación Mapfre. Entre algunas de las obras más importantes se encuentran: El Pintor y la Modelo (1963), Cabeza de mujer (1910), Retrato de Dora Maar (1939), entre otras producciones.

    Un punto destacable de la muestra es, definitivamente, el “making of” del cuadro más famoso de Picasso, el Guernica. Durante aproximadamente diez minutos se desarrolla en formato audiovisual una interesante explicación, denominada “Del Minotauro al Guernica”, sobre los diferentes bocetos antes de llegar al original, las diversas partes en las que puede sectorizarse el cuadro, los por qué de la pintura y su contexto histórico-social.

    Guernica era la capital de un centro emblemático de la cultura vasca, y fue destruida por un bombardeo durante la Guerra Civil Española. En esa época Picasso pintaba cuadros cuyos temas se centraban en el artista y la modelo. «Mas, en medio de la Guerra Civil, con una Alemania nazi y la Rusia de Stalin, él no podía pasar más tiempo pintando solo eso«, explica Carmona.

    Hasta llegar al Guernica final, Picasso mudo la obra unas siete veces y antes de eso realizó aproximadamente unos 40 diseños más pequeños que retrataban: el minotauro griego, un caballo y una mujer destrozada.

    La muestra podrá ser visitada desde el 25 de marzo hasta el 08 de junio, de miércoles a lunes de 9:00 a 21:00hs con entrada gratuita.

    El dato: por cuestiones de derecho de autor no está permitido tomar ninguna foto en el interior de la muestra. Hay seguridad por todas partes, por lo que aconsejaría cumplir con la disposición.

    El dato plus: el CCBB tiene varios pisos y habitaciones, y se ordena al público siguiendo una faja de color en el piso. Si uno va prestando atención, es sencillo recorrerla. Sino, es posible perderse alguna sala!

     

  • Artistas Brasileros: Cranio en la Galería Luis Maluf

    Nota para Gala Visuales *

    La mayor parte de las ciudades del mundo cuentan con un sello diferenciador, que las convierte en algo seductor frente al ojo del extranjero, y hasta del propio ciudadano. San Pablo puntualmente, parece ser una metrópoli cuyo cuerpo adopta un tatuaje nuevo cada día. El arte del grafiti busca su protagonismo, floreciendo en cada espacio concebible.

    A diario mientras camino, con el fin de llegar a algún lugar (o no), he podido fotografiar con mi cámara numerosos mensajes plasmados en los muros paulistas. Capas y capas de pintura se lucen en paredones, puentes, túneles, plazas, y hasta en predios residenciales que parecen haber encontrado el escape perfecto a la monotonía del blanco, o los colores pasteles.

    Esta expresión artística ha servido a lo largo de los años para documentar diversas realidades sociales, culturas ancestrales, formas de vida, desigualdades e influencias extranjeras. Y como el escenario urbano de una de las ciudades más grandes del mundo, parece no alcanzar, algunos grafiteros se mudan transitoriamente a las galerías de arte para exhibir sus trabajos más representativos. El contexto es definitivamente otro, pero debo reconocer que la historia a contar puede lograr el mismo efecto o incluso, uno mayor.

    Hace unos días visité la Galería Luis Maluf, en ella se expone parte del trabajo del grafitero paulista Fabio de Oliveira Parnaiba, más conocido como “Cranio”. Este público fan de Salvador Dalí ha traspasado las fronteras brasileras, llevando su trabajo a países como Francia, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra y España.

    Su obra es fácilmente encontrada en los muros de la ciudad de San Pablo. Se dice que existe en él, cierta influencia tanto de la pintura maorí, como de la cultura tribal de Nueva Zelanda.

    Su trabajo en las calles brasileras comenzó en 1998 y ya posee una marca registrada: sus indios azules. Estos seres vibrantes, nacieron durante la búsqueda de un personaje que simbolizara a su país (Brasil). Junto a ellos y a buenas dosis de humor ha demostrado la imperiosa necesidad de repensar cuestiones como el consumismo, la identidad cultural, el medio ambiente y los problemas por los que atraviesa nuestra sociedad actual. En las obras se puede visualizar cómo este grupo de indios azules se descubre invadido por la globalización y el avance de la tecnología. La necesidad de conocer todo lo que pasa a nuestro alrededor, se encuentra ironizada en cada una de las representaciones creadas por Cranio, bajo la técnica del aerosol. El papel de la tribu parece ser un tanto “moralista”, instalando una clara crítica hacia nuestro vicio por la tecnología.

    La exposición lleva el nombre de “ToChipado”, y resulta un paseo obligatorio para los admiradores del mundo del grafiti y, sobre todo, de su crítica social.

    Si bien la muestra solo estará disponible durante un mes en la Galería Luis Maluf, la obra de Cranio puede seguirse en sus redes sociales o, por qué no, en las calles del mundo. Quienes prestan atención a los muros de sus ciudades, quizás tropiecen alguno de sus mensajes.

  • El intrigante universo creativo de Patricia Piccinini

    Nota para Gala Visuales *

    Cuando algo consigue agudizar aún más mi curiosidad, ocupo el tiempo que sea necesario para lograr un entendimiento más profundo e indagar en el porqué de mi atracción. Por estos motivos, visité en soledad y durante tres horas la exposición “ComCiência” de la artista australiana Patricia Piccinini.

    Ya de entrada, su nombre constituye un neologismo que sujeta una interesante conexión entre las palabras “Consciente” y “Ciencia”. Con el pasar de los minutos una reflexión sobrevuela en el aire… De qué forma el arte, en sociedad con el medio ambiente y la sapiencia, nos posibilita un entendimiento mayor sobre nosotros mismos? Según el curador de la muestra Marcello Dantas, “se trata de una obra sobre la aceptación”.

    Las piezas de Patricia Piccinini parecen enfatizar el lado humano de los animales y el lado animal de los humanos. Criaturas “bizarras” producidas con silicona, fibra de vidrio y hasta con cabellos humanos, logran un efecto extraño en sus observadores atónitos. Primero, un cierto rechazo, luego curiosidad y reflexión. Ellos aparecen indefensos, cariñosos y hasta carismáticos, deformando lo que a primera vista reconoceríamos como “normal”.

    La artista se considera madre de cada uno de esos seres. En su adolescencia se interesaba por temas relacionados a la genética y la tecnología. Y creo que existe un cuestionamiento tácito (no una crítica como muchos afirman) sobre la ética, en procesos como la clonación o la manipulación genética. El detalle pormenorizado de piel, uñas y cabello es asombrosamente real, conquistando cierta similitud con la especie humana.

    Aunque algunas piezas parezcan extraídas de una película de suspenso que anticipa un posible desenlace trágico, Patricia encuentra un cambio de perspectiva ante ello: la mirada de los niños. La ausencia de preconceptos permite escenas inquietantes sin ser asustadoras, dejando en claro que ellos aceptan lo diferente con una espontaneidad y regocijo admirables.

    “ComCiência” es la primera exposición individual de Piccinini en Brasil, con 9.000 visitantes en su primer día. Se presenta en San Pablo hasta el mes de enero y luego parte hacia el CCBB de Brasilia y de Río de Janeiro para seguir despertando sentimientos encontrados. Aunque existe un breve parecido de su obra con la de Ron Mueck (quien altera radicalmente las dimensiones humanas), las temáticas e intereses de ambos son de raíz, diferentes.

  • La faceta que pocos conocen de Leonardo Da Vinci

    Nota para Gala Visuales *

    Parte de la colección del «Museo Nazionale della Scienza e della Tecnologia  Leonardo da  Vinci (MUST)» en Milán (Italia) desembarcó en la Galería de Arte del Sesi en la ciudad de San Pablo.

    La muestra reúne más de 40 piezas y 10 instalaciones interactivas que representan la trayectoria del artista desde 1452 a 1952. Basándose en los diseños originales, ingenieros e investigadores recrearon paracaídas, catapultas, helicópteros, grúas gigantes, carros de combate entre otros objetos.

    La exposición «Leonardo Da Vinci: La Naturaleza de la Invención» se encuentra divida en 7 módulos temáticos que representan a cada uno de los temas estudiados por Leonardo: Introducción, Transformar el movimiento, Preparar la guerra, Diseñar a partir de organismos vivos, Imaginar el vuelo, Mejorar la manufactura y Unificar el saber. Casi podría decirse que cada uno de sus proyectos constituyó una enciclopedia gráfica de los conocimientos técnicos de la época.

    Los audiovisuales expuestos permiten a los visitantes conocer cómo los movimientos del agua, el vuelo de un pájaro o el andar de los caballos inspiraron a Da Vinci en sus creaciones renacentistas. Leonardo además de pintor y escultor, fue un inventor. Observaba el contexto que lo rodeaba, especialmente el natural, con el objetivo de crear máquinas que facilitaran el trabajo cotidiano. Uno de los ejemplos más interesantes es el diseño de un tanque de guerra inspirado en el caparazón de una tortuga.

    Según su curador Claudio Giorgione la idea de esta presentación al público es bastante clara «Queremos hacer hincapié en que Da Vinci era un hombre de su tiempo, un artista que vivió en un contexto muy rico e inspirador». Hasta los comienzos del siglo XX la historia del arte solo había visto en Da Vinci, un gran pintor. Dicha imagen se vio modificada por la publicación del primer libro de proyectos de ingeniería, con el cual Leonardo ganó la relevancia que merecía.

    La muestra podrá ser vista hasta el 10 de Mayo, con entrada gratuita en el Centro Cultural Fiesp – Ruth Cardoso (Av. Paulista 1.313, en frente de la estación de metro Trianon-Masp), en la ciudad de San Pablo.