Estoy leyendo Las palabras justas, de Milena Busquets, una especie de diario en el que cada día ella escribe unas líneas, a veces una página, otras un pensamiento. Básicamente, el sueño de mi vida jajaja lo digo porque nunca conseguí sostener esa rutina de sentarme, abrir un cuaderno y escribir todos los días algo de lo que pienso.
El libro no me había enamorado, lo venía leyendo con cierta distancia, encontrando algunas cosas interesantes, otras que no me decían demasiado. Hasta que llegué a septiembre donde empecé a marcar pequeñas partes que me dispararon más preguntas.
La primera:

Y, pocas páginas después:

Lo primero que pensé fue que honestamente no sé si esas personas existen…
Lo segundo que pensé fue que, paradójicamente, durante mucho tiempo, sospecho que yo fui una de ellas para los demás. Alguien que parecía tener una vida bastante ordenada, que sabía qué estaba haciendo, que podía vivir lejos, mudarse de país, resolver problemas y seguir adelante sin demasiados sobresaltos. No necesariamente porque quisiera engañar a nadie, sino porque mostrar que las cosas estaban bien también era una forma de evitar preguntas incómodas y, sobre todo, de no preocupar a quienes estaban lejos.
La realidad, claro, era bastante menos prolija. Por eso sé que parecer tener todo bajo control y tenerlo, son dos cosas completamente diferentes.
En terapia vuelvo bastante sobre el control, sobre mi necesidad de anticiparme, organizar, prever escenarios, “resolver”, tener alguna respuesta preparada para lo que todavía no ocurrió. Y la conclusión es sencilla e incómoda… nada está realmente bajo mi control.
Nada.
Estas últimas semanas alguien parece haber tocado una ficha de dominó. No sé exactamente cuándo se movió la primera, pero desde entonces escucho, metafóricamente, el pum, pum, pum de las demás cayendo una tras otra.
En los próximos meses voy a hacer un viaje a Argentina que no estaba previsto. Quiero estar cerca de mi familia en un momento de incertidumbre respecto de la salud de personas a las que quiero.
Dos meses y medio no son una vida, pero tampoco son unas vacaciones. Significan dejar mi casa, mis rutinas, mi espacio y mi red cotidiana para acercarme a otra red que siento que quiero acompañar. Córdoba sigue siendo uno de los primeros lugares que aparecen en mi cabeza cuando pienso en la palabra casa. Pero hace años que no vivo ahí, ya no tengo mi propia casa (aunque en la de mis viejos siempre sea bienvenida), mis propios horarios ni esos pequeños rituales que se construyen al habitar un lugar todos los días.
Y me pasó algo bastante sonso con la incertidumbre que manejo ante este viaje que empezó ocupándose de las grandes preguntas y terminó metiéndose en mis desayunos.
¿A qué me refiero? A que estos días pude pasar de pensar en la salud de mi papá o de una de mis amigas a buscar dónde comprar cúrcuma o semillas de zapallo en Córdoba Capital. Miro precios, comparo productos, calculo cuánto voy a gastar… pienso qué cosas necesito llevar y cuáles puedo conseguir allá. Intento reconstruir de antemano una rutina que todavía no empezó.
Puede parecer absurdo preocuparse por unas semillas cuando alrededor hay asuntos infinitamente más importantes. Pero quizás no lo sea. Cuando lo grande se me vuelve imposible de controlar, yo empiezo a ordenar lo chiquito. Y en mi caso lo «chiquito» tiene un motivo… con mi endometriosis, el desayuno correcto es la diferencia entre arrancar el día bien o arrancarlo torcida.
Está claro que no puedo controlar cómo evolucionará la salud de las personas que quiero. No puedo controlar cómo van a atravesar esos procesos quienes las acompañamos. Tampoco puedo evitar que la preocupación alcance a toda una red… porque es algo que se nota, los cuerpos se ponen en alerta, aparece el cansancio, la espera incómoda o la incertidumbre.
Pero sí puedo averiguar dónde comprar semillas de zapallo, puedo comprar un pasaje, hacer una valija, calcular gastos, organizar mis cosas, intentar que, en medio de un cambio grande, algunas pequeñas estructuras permanezcan en pie.
Quizás por eso me quedó dando vueltas la pregunta de Busquets sobre esas personas que “siempre parecen tenerlo todo controlado”. Porque la palabra “importante” en esa pregunta, tal vez no sea “controlado”… tal vez sea “parecen”. Una cosa es tenerlo todo bajo control y otra, muy distinta, es simplemente lograr que así se vea.
He estado del otro lado de esa apariencia. Sé lo fácil que es confundir la vida que alguien consigue mostrar con la vida que esa persona está intentando sostener.
No sé qué hacen durante todas las horas del día las personas que tienen seguridad económica y sentimental. Tampoco sé cómo hacen quienes nunca se sienten perdidas (aunque cada vez sospecho más que no existen).
Lo que sí creo que existe es gente intentando construir pequeñas certezas mientras todo lo demás se mueve. Y, contestando a la segunda pregunta de la autora, esto es lo más parecido que tengo de tener mis instrumentos y mis armas en la mano.

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